TODOS MATARON A PRIM

Desde la misma tarde del asesinato del jefe de gobierno se han escrito ríos de tinta. Por supuesto que hubo detenidos aunque todos terminaron siendo liberados. Un total de 13 jueces participaron en la instrucción del caso y todos sufrieron presiones políticas. El sumario (del cual ha desaparecido un tomo entero), llegó a reunir 18.000 folios. Todos los presuntos autores intelectuales del atentado y el propio Prim, eran masones.

Para colmo, en el año 2014, una comisión de expertos en varios campos, presididos por el criminólogo y periodista Francisco Pérez Abellán y la Universidad Camilo José Cela, realizó una autopsia a la momia de Prim, llegando a la conclusión que el general catalán no falleció de los disparos recibidos sino por estrangulamiento mientras se recuperaba de las heridas de bala. Para terminar de enmarañar aún más el caso Prim, la Universidad Complutense de Madrid realizó a posterior otra autopsia a los restos mortales de Prim, dictaminando que la marca en el cuello no fue debido a un estrangulamiento sino a que eran marcas producidas post mortem por la camisa. En cualquier caso, fuera estrangulado tras el atentado ó no, eso no cambia los hechos. La duda sigue siendo la misma; ¿Quién mató a Prim y por qué?

Juan Prim y Prats

En 1870 España vivía dos tormentas políticas; la guerra contra los separatistas en Cuba y la guerra política a tres bandas entre liberales, conservadores y republicanos. Dos años antes, en 1868, la reina Isabel II había sido depuesta y forzada al exilio, siendo Prim uno de los cabecillas del golpe de Estado que la había apartado del trono de España. Por lo tanto, los monárquicos se la tenían jurada. De hecho, Isabel II desde el exilio y mediante carta, le hizo saber a Prim y al nuevo gobierno que no renunciaba a sus derechos . Sorprendentemente, en 1870, siendo Prim jefe del gobierno, propuso al italiano Amadeo de Saboya como nuevo rey de España, propuesta que fue votada favorablemente por 191 diputados. Sin duda Prim buscaba un rey títere para conseguir un efecto placebo entre los monárquicos más ingenuos que se contentaban con una monarquía aunque fuese una dinastía que nada tenía que ver con España. Esta propuesta de Amadeo de Saboya como nuevo rey indignó profundamente a los republicanos quienes con toda la razón del mundo se sintieron engañados, pues habían apoyado el golpe del año 68 para instaurar una republica que ahora veían imposible. Respecto a la otra tormenta política que vivía España, la de la guerra de Cuba, Prim también se había ganado otro poderoso enemigo; Estados Unidos.

Prim que se había entrevistado años antes con Lincoln en Washington -quizás por eso el apodo masónico de Prim en su logia era Washington- mantuvo una comunicación intensa con el general Sickles, representante del gobierno de EEUU en Madrid, respecto a Cuba. No era ningún secreto que mediante traficantes de armas, EEUU estaba apoyando a los brutales mambises, quienes al grito de “Muerte a los españoles” cometían todo tipo de salvajadas y sabotajes en la isla. En una ocasión, un barco de traficantes norteamericanos fue sorprendido con las manos en la masa mientras descargaban un cargamento de armas. Los dos propietarios del barco que eran yankees fueron detenidos y por exigencias de las milicias locales fueron fusilados. Este suceso sirvió de pretexto a EEUU para aumentar las presiones a España, mediante una carta con cuatro exigencias:

La independencia de Cuba será reconocida por España

Cuba pagará una suma acordada en tiempo y forma, por todos sus derechos en la isla, incluyendo todas las propiedades públicas. EEUU podría garantizar este pago, aunque prefiere no hacerlo

Se abolirá la esclavitud en Cuba

Se acordará un armisticio dependiendo del progreso de las negociaciones.

Prim respondió a Sickles que cuanto dinero estaría dispuesto EEUU a pagar por Cuba y Puerto Rico (tal y como había hecho EEUU con las compras de Alaska y Luisiana) a lo que esté respondió que 125 millones de dólares. al mismo tiempo, la postura de España se concretó en una contrapropuesta de Prim, que confirmó que sería aceptada por España si la presentaba EEUU, en los siguientes términos:

Los insurgentes dejarán las armas.

España concederá simultáneamente una amnistía general

El pueblo cubano deberá votar en sufragio universal la cuestión de su independencia.

Si la mayoría vota por la independencia, España la concederá, con autorización de las Cortes. Cuba pagará la cantidad satisfactoria acordada, garantizada por EEUU.

El 21 de agosto, Prim y Sickles vuelven a reunirse. Prim le manifiesta que está convencido de que la autonomía cubana ha llegado, pero que si los insurgentes no dejan las armas, a España no le queda otra solución que la guerra hasta el final. Por ello insiste con una nueva propuesta:

Un acuerdo que garantice a los EEUU la buena fe e intenciones de España en el proceso

Los EEUU aconsejarán a los cubanos que acepten este acuerdo

Cese de hostilidades y amnistía

Elección de diputados

Acción de las Cortes

Plebiscito e Independencia.

Si EEUU lo aceptase, Prim se encargaría de convencer a las Cortes. No obstante, la postura de EEUU no cambia. Para EEUU el asunto de la independencia y la esclavitud eran tan solo pretextos para hacerse con el control de la isla y cuanto antes. Sabían que con el fin de la esclavitud y con una representación en las Cortes, la ya de por si mayoría que en Cuba prefería seguir siendo parte de España, sería mucho más amplía en el plebiscito por la secesión de España. Por eso, EEUU continuó armando a los separatistas cubanos, para que el terror sin fin acabase doblegando a la población. Para excusar su posición contraria a la propuesta de España, exigió que para que los separatistas se desarmasen, debían hacerlo también las milicias locales, algo imposible ya que estas lo que hacían era defenderse y por lo tanto, era razonable que no estuvieran dispuestas a desarmarse sí no lo hacían antes los separatistas.

Juan Prim y Prats

Sickles en sus informes menciona que tiene la percepción de que muchos, particularmente en Cataluña (por la gran cantidad de empresarios catalanes en Cuba) prefieren una transferencia de Cuba a los EEUU por una justa compensación, pues no confían que las propiedades de los españoles estarían seguras bajo control cubano.
El 31 de agosto, un comunicado del cónsul norteamericano en La Habana, informa de un documento capturado al parecer a los separatistas en los que la cabeza de la rebelión, además de establecer una estructura de gobierno incipiente, ordena la destrucción de cualquier bien perteneciente a los españoles. Esto produce el rechazo del cónsul, a afectar a los intereses económicos de los EEUU en la isla.

En septiembre de 1869 Sickles informa de sus nuevas conversaciones con Prim. Éste se muestra optimista tanto por el cambio en la opinión pública a favor de la autonomía de Cuba como en poder acabar con la insurrección. Sickles muestra dudas sobre la factibilidad de elecciones para diputados y referéndum para la independencia y el desarme de las milicias locales. Prim contesta que la representación de diputados de Cuba en las Cortes es innegociable. Se va a proceder a la abolición gradual de la esclavitud. Se va a formalizar un plan de reformas administrativas para Cuba sin esperar el fin de las hostilidades. Finalmente le pide retire la propuesta estadounidense de mediación en los términos iniciales, lo que se realiza el 28 de septiembre de 1869. Por tanto, Prim ya se había ganado la enemistad de un tercer poderoso enemigo y tal vez, el más poderoso del momento; EEUU.

El 27 de diciembre de 1870, víspera de la llegada del nuevo rey de España, Amadeo de Saboya, nevaba en Madrid. A las siete y media de la tarde Prim salió de las cortes y subió a bordo de su carruaje. Desde ese momento, en cada esquina que pasaba el carruaje, un silbido sonaba en la calle; eran los cómplices de los asesinos indicando el paso del carruaje. Al enfilar la calle del Turco -actual calle Marqués de Cubas- y a la altura de una taberna, otro carruaje cerró el paso al de Prim. En ese instante, un grupo de hombres armados con trabucos escondidos bajo las ropas, rodeó el carruaje de Prim y dispararon al interior. El cochero de Prim consiguió salir del bloqueo y llegar al Palacio de Buenavista, residencia oficial del jefe de gobierno. Prim salió por su propio pie con tres heridas, una en el hombro, otra en el codo y otra en la mano. Aunque las heridas no eran mortales, falleció tres días después, el 30 de diciembre, debido a una infección, según el parte médico oficial.

Por los impactos de bala que todavía se pueden ver en el carruaje de Prim, se calcula que fueron entre cinco y siete trabucos los que efectuaron los disparos al interior del carruaje, aunque el propio cochero y otros testigos presenciales hablaron de doce hombres armados los que rodearon el carruaje. Por el sumario se sabe la cantidad de dinero que recibió cada uno de los autores materiales; entre cinco y diez duros diarios antes del atentado y 5.000 pesetas por el asesinato. Se sabe que este fue el tercer atentado contra Prim, pues hubo otros dos intentos, uno en octubre y otro en noviembre de ese mismo año. También se sabe que ese mismo día había preparadas tres emboscadas idénticas, con el mismo número de hombres implicados en cada una y en distintos lugares; una en la calle del Turco, otra en la calle Cedaceros y otra en la calle Barquillo. Cada una de las emboscadas estaba estaba planificada dependiendo de la ruta que el carruaje tomase ese día. La de la calle del Turco era la que llevaba a la residencia oficial de Prim, la de la calle Cedaceros por si decidía asistir a la cena de la logia masónica en la fonda Las Cuatro Estaciones de la calle Arenal, donde se celebrada el San Juan de Invierno, uno de los dos días claves del año masónico. La de la calle Barquillo no se sabe por que, pero seguro que había un motivo en la agenda de Prim que hacía posible esa ruta.

Amadeo I de Saboya ante el cuerpo de Prim

Un operativo enorme, con varios carruajes, decenas de asesinos a sueldo pagados con mucho dinero, información de primera mano de la agenda de ese día del jefe de gobierno a quien un general encargado de su seguridad le deja esa tarde solo con su cochero y un asistente, un duque quien presuntamente pagó a unos asesinos, un importante político republicano cuyo nombre apareció meses antes en un plan de atentado fallido y que nada más enterarse del asesinato de Prim huyó al extranjero, una investigación con muchas ramas y un sumario de miles de páginas lleno de borrones en el que falta un tomo entero…

No hay pruebas concluyentes para dictaminar quienes fueron los autores intelectuales del asesinato pero casos similares en la historia reciente como el asesinato de Kennedy ó los atentados de Atocha del 11M, hacen sospechar que cuando no hay voluntad de esclarecer un atentado ni por unos ni por otros, es que, de una u otra manera, en mayor o menor medida ó todos están implicados ó bien el autor es tan poderoso que incluso los poderosos tienen miedo. Por eso no hubo voluntad en esclarecer el asesinato, porque todos mataron a Prim.

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