ESPAÑA

FERNANDO VI PROHÍBE LA MASONERÍA

El 2 de julio de 1751 el rey Fernando VI promulgó un decreto por el cual se prohibía la masonería en España, tanto en el territorio peninsular, como en el resto de virreinatos. Por entonces, las logias masónicas estaban presentes en todas las ciudades de Occidente y por el peligro que representaban para los estados (independientemente que fueran monarquías o republicas), ya habían sido prohibidas y perseguidas en otros países.

La primera logia de la que se tiene noticia en España fue Las Tres Flores de Lys, fundada en 1728, en la calle de San Bernardo en Madrid, por el Duque de Wharton. La segunda logia fue en Gibraltar, en 1729, con el nombre de St. John of Jerusalem. Poco antes del decreto de Fernando VI, en 1750, un grupo de militares franceses e ingleses celebraron diversas reuniones masónicas en Barcelona, con la intención de crear una logia estable pero no consiguieron su objetivo al ser denunciados. En 1756 otro grupo de masones fueron denunciados, esta vez en Cádiz.

A lo largo del siglo XVIII hubo varios intentos serios de crear logias masónicas por todo el imperio español, aunque casi todas fueron detectadas a tiempo, pero con la llegada del siglo XIX y la invasión de España por las tropas napoleónicas, estás consiguieron arraigarse, primero en la España peninsular y posteriormente en el resto de Hispanoamérica. Los oficiales franceses difundieron por toda Europa (y especialmente en España), los ideales de la revolución francesa, a sabiendas que eran un instrumento político favorable a sus intereses. Ejemplos de esta implantación masónica en España en 1809 son las logias de San Sebastián, Talavera de la Reina, Barcelona, Vitoria, Madrid, Santander, Salamanca, Gerona, Figueras, Santoña, Sevilla y Zaragoza. Todas estas logias pertenecían al Gran Oriente de Francia

La entrada en el conflicto del ejército británico en España también supuso un incremento del arraigo de los ideales masónicos y al igual que hacían los oficiales franceses, los británicos consiguieron engatusar a muchos oficiales españoles que se convirtieron en piezas imprescindibles para su plan de balcanización de Hispanoamérica y su posterior “independencia”. El militar español José de San Martin es el principal ejemplo de traidor.

El decreto del 2 de julio de 1751, dictado por Fernando VI en el palacio de Aranjuez, decía así:

“Hallándome informado de que la invención de los que se llaman Franc-Masones es sospechosa a la Religión y al Estado, y que como tal está prohibida por la Santa Sede bajo Excomunión, y también por las leyes de estos Reynos, que impiden las Congregaciones de muchedumbre, no constando sus fines, e institutos a su Soberano: He resuelto atajar tan graves inconvenientes con toda mi autoridad; y en su consecuencia prohíbo en todos mis Reynos las Congregaciones de los Franc-Masones, bajo la pena de mi Real Indignación, y de las demás que tuviese por conveniente imponer a los que incurrieren en esta culpa. Y mando al Consejo que haga publicar esta prohibición por Edicto en estos mis Reynos, encargando en su observancia, al celo de los Intendentes, Corregidores y Justicias, aseguren a los contraventores, dándoseme cuenta de los que fueren por medio del mismo Consejo, para que sufran las penas que merezca el escarmiento. En inteligencia de que he prevenido a los Capitanes Generales, a los Gobernadores de Plazas, Jefes Militares e Intendentes de mis Ejércitos y Armada Naval, hagan notoria, y celen la citada prohibición, imponiendo a cualquiera Oficial, o Individuo de su jurisdicción, mezclado o que se mezclare en esta Congregación, la pena de privarle y arrojarle de su empleo con ignominia. Téngase entendido en el Consejo, y dispondrá su cumplimiento en la parte que le toca”.

Archivo Histórico Nacional, Madrid, Osuna, 3117; Consejos, Alcaldes de Casa y Corte, año 1751, fols. 314-315; Consejos, libro 1480, fols.355-6; libro 1516, núm. 66 (Suplemento a la Novísima Recopilación).

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