HISTORIA DE LA GUERRA DE CUBA

Sangre, lágrimas y luto fue Cuba en muy breve tiempo por los desmanes y crímenes de los viles insurrectos.

“Historia de la guerra e independencia de Cuba”, es un breve libro de veinticuatro páginas escrito tras la secesión de Cuba en 1898, impreso en la Imprenta Hernando, la última gran editorial que, a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX, se especializó en la publicación de tales textos históricos. Es un libro de autor desconocido, pues forma parte de lo que se llamó pliegos de cordel que comenzaron a imprimirse a finales del siglo XV y que tuvieron presencia en España incluso hasta el siglo XX, siendo especialmente populares en la posguerra. Eran pocas hojas con alguna ilustración, un formato popular, barato de producir y a un precio asequible para toda la gente. El modo de exponer estos pliegos era colgándolos de unos cordeles para su venta, de ahí su nombre. Narraban todo tipo de temas, desde sucesos cotidianos a episodios históricos, legendarios o religiosos.

Tal y como indica el título del pliego, narra de manera breve y concisa los hechos más relevantes que ocurrieron en la secesión de Cuba y abarca todo el proceso, desde el llamado grito de Baire en 1895, hasta la derrota contra EEUU en 1898. Está dividido en seis partes; Baire, Martínez Campos, Weyler, Maceo, Guerra con los Estados Unidos y Conclusión.

En este pliego, la tradición oral escrita de las opiniones de quienes vivieron aquella guerra se plasma “sin anestesia” y por ello es de obligada lectura para todo aquel que quiera conocer la historia de la guerra de Cuba sin formalismos, sin corrección política y sin la intervención de terceras personas que no fueron coetáneas del suceso histórico. En la primera parte, titulada Baire, cuenta:

Contando con los auxilios que ofréceles Norte-América, los que siempre conspiraron para provocar la guerra, en la parte montañosa de Santiago alzan bandera, y con bandidos, gente de mala ralea, una partida componen de pocas y ruines fuerzas con la cual lanzan en Baire el grito de independencia.
Descontentos y ambiciosos á los rebeldes se agregan; los que del negocio viven y saben que en las revueltas se hacen muchos y lucidos, su auxilio á los ruines prestan; y unos que van de buen grado y otros que van á la fuerza, a la insurrección se suman y las partidas aumentan.
Ningún jefe de prestigio va con las gentes aquéllas, que más que gente política es de malvados hierva.
Allí donde cae una banda no hay mal que no se cometa y el robo, el atropello y la brutal violencia son el código que guía a las hordas de la sierra.
Si al llano a bajar se atreven, pronto anuncian su presencia las llamas de los incendios, los saqueos de las tiendas, las venganzas personales, las maldades y vergüenzas que impunemente cometen los que más que hombres son fieras
Y por el terror se imponen a cuantos vivir desean al amparo de las leyes y fieles á su bandera.

Mambises

Documentado está, que la guerra de secesión de Cuba fue una estudiada y sistemática destrucción mediante sabotajes y atentados contra las avanzadas infraestructuras que tenía la isla, del saqueo de comercios y haciendas por los separatistas y que fue promovida por EEUU y algunos terratenientes y empresarios españoles que tenían importantes beneficios económicos, pero llama la atención como el manuscrito hace hincapié en que “ningún jefe de prestigio va con aquellas gentes“, es decir, los delincuentes fueron utilizados por la burguesía para llevar el caos y su siniestro plan. En el segundo capitulo, dedicado a Martínez Campos, se vuelve a recalcar este asunto:

No son de hecho tan temibles, los salvajes insurrectos como los instigadores que les dan fuerzas y alientos, porque éstos son poderosos, astutos y traicioneros, y hacen, sin mostrar la mano, cuanto conviene a su intento.
Son los Estados Unidos quienes tienden en secreto su protección alevosa al mambí, que es su instrumento, para que España derroche sus hombres y su dinero, se empobrezca y debilite, y al cabo, llegue al extremo de no poder oponerse a los cobardes intentos de quien quiere despojarla de las Antillas… Porque, más que los Martí, los Gómez y los Maceo, eran temibles los yankees que les daban los pertrechos, víveres, municiones, hombres, armas y dinero

Reparación de línea de ferrocarril tras un sabotaje de mambises

Respecto a la estrategia del general Martínez Campos para acabar con la revuelta, el pliego nos recuerda los intentos de este, mediante la política para apaciguar los ánimos y convencer a quienes por ingenuidad o embelesados por ideal futuro de bienestar, abandonasen la conspiración en la que estaban metidos y como esto, dio algunos buenos resultados iniciales, aunque no del todo:

Y quiso Martínez Campos por las buenas atraerlos, sabiendo que era el camino más acertado y derecho. Los elementos más cultos de la rebelión quisieron ceder; mas, los exaltados, los que eran sólo instrumento de los Estados Unidos, lucharon con más empeño, exagerando el rigor por los más salvajes medios.
Entonces halló la muerte Martí, por los insurrectos elegido para el cargo de Presidente; y mordieron el polvo los cabecillas de más prestigio entre ellos,
uno de los cuales fue el feroz José Maceo, mulato de mala entraña y de instintos muy perversos.

Tras narrar el auxilio y heroica acción de Martinez Campos y sus hombres para romper el cerco a la ciudad de Bayamo (ciudad que los separatistas querían tomar para crear allí un “gobierno” que sirviese de excusa a EEUU para formalmente apoyar al “gobierno” separatista cubano), la tradición oral manuscrita en este pliego, narra como tras aquel fracaso de los rebeldes, las ayudas de EEUU a los rebeldes aumentaron y la ola de destrucción y muerte provocadas por los mambises, también. Otro suceso “extraño” que menciona el texto, es que tras aquella importante victoria de Martínez Campos en Bayamo, fue relevado del cargo por el gobierno español, algo que fue celebrado por los separatistas… Saque usted sus propias conclusiones

De nuestra victoria el eco ha llegado hasta los yankees, que redoblan sus esfuerzos para que triunfe el rebelde por buenos ó malos medios. Y en frecuentes desembarcos, que son ultraje al derecho de los pueblos cultos, dota al rebelde de pertrechos, de municiones, de víveres, de artillería y dinero.
Y entonces es cuando el bárbaro y sanguinario Maceo (el hermano del otro que murió), cruza la Isla hasta Occidente con su horda feroz llevando todo a su paso condenado a sangre y fuego.
La política sensata y enérgica al mismo tiempo que inspiró a Martínez Campos, fracasó. De Coliseo la acción extremó las cosas hasta imponerse el relevo del General que otra guerra llevar supo a feliz término. Este relevo fue un triunfo para el rebelde.

En el apartado titulado Weyler, el manuscrito narra heroicos sucesos como el protagonizado por el madrileño Eloy Gonzalo, quien se presentó voluntario para una misión sin retorno para incendiar un edificio estratégico en el cual los mambises tenían su centro neurálgico de ataque en la sitiada población de Cascorro. La única condición que puso Eloy Gonzalo para llevar a cabo su misión, fue la de que fuera atado a una cuerda a su cintura para que cuando fuese acribillado, su cuerpo pudiera ser arrastrado hasta la posición de los leales para que no quedara en manos de los mambises. Pero en este apartado, lo que más llama la atención al lector contemporáneo, además de las hazañas como la de Cascorro, son las duras criticas contra el propio gobierno español, por su dejadez e incompetencia para hacer frente a las falsas acusaciones y realidad paralela que desde la prensa europea se escribieron contra España y los soldados españoles, así como la inacción en la política internacional. Las criticas no son solo al gobierno español, sino prácticamente a toda su clase política:

… desgraciada por la gentuza indecente que política se llama, y que no es más que un conjunto de pillos de mala casta, gandules, vagos e ineptos que nos deshonran y matan... La Prensa de toda Europa (entiéndase la comprada por el yankee ó el cubano) al soldado español trata de verdugo y de asesino… y nuestros Gobiernos callan, y sufren reclamaciones, y a nuestra prensa amordazan, y agravian a la marina que persigue a los piratas y se humillan tanto, tanto, que ya el pueblo está que estalla de indignación y vergüenza contra gentes tan villanas; que si la injusticia es grande de los de fuera de casa, la torpeza de los propios con la injusticia se iguala.

Monumento en Madrid a Eloy Gonzalo

La figura del general Weyler está llena de controversia, especialmente en Cuba, donde el régimen político de la actual dictadura cubana lo ha convertido en leyenda negra de igual manera que los Países Bajos tratan al Duque de Alba. Los historiadores cubanos del régimen actual (y como no, algún “periódico” español también), acusan al general Weyler que su decisión de concentrar a las poblaciones rurales en poblaciones más grandes y mejor protegidas militarmente, provocó una hambruna cuya leyenda negra ha inflado las victimas a cifras imposibles, e incluso se refieren a ese suceso como holocausto. Aunque es cierto que esa hambruna existió, habría que hacerse una pregunta; ¿Quién provocó la hambruna, Weyler con su intención de proteger a los campesinos de las matanzas de los mambises ó los mambises que destruían las infraestructuras y quemaban las cosechas?.

General Valeriano Weyler

Sí en los apartados anteriores el autor no dejaba títere con cabeza, el dedicado a Maceo no podía ser menos y con razón. Además de racista, el líder separatista tenía en su interior un odio visceral que vertió con inusitada crueldad hacía las gentes de aldeas y campos. Se nos ha presentado a estos malnacidos como héroes y nos hacen creer que la guerra de Cuba fue una sucesión de batallas entre ejércitos, cuando en realidad, las “hazañas” de los separatistas mambises fueron en casi su totalidad una oleada de atentados, saqueos y crímenes. El único ejército al que se enfrentó España, fue al de EEUU cuando estos llegaron a la isla tras el ataque de falsa bandera del Maine:

Maceo jamás buscó al enemigo cara a cara, en campo raso, sin abrigar la certeza de poder anonadarlo luchando diez contra uno, y aun esto de vez en cuando; porque de sobra sabía que siempre le costó caro el luchar en buena lid contra el español bravo.
A los guajiros ahorcaba, sus bohíos saqueando; quemaba las plantaciones y pueblos desamparados; al herido en la batalla mandaba machetearlo, y nunca compasión tuvo de mujeres ni de ancianos.

Fue precisamente en el único ataque organizado por Maceo contra hombres armados, donde encontraría la muerte junto a otros cabecillas importantes, tras un estrepitoso fracaso, al organizar una emboscada a una columna de 500 guerrilleros voluntarios leales a España, dirigidos por un comandante apellidado Cirujeda. Maceo reunió a 4.000 de sus hombres en Punta Brava, no muy lejos de La Habana, confiado en el éxito de su ataque:

Los rebeldes a los nuestros esperaban confiados, por ser ocho contra uno y estar Maceo al mando. Pero el bravo Cirujeda distribuyó sus soldados de tal suerte, que muy pronto triunfo completo alcanzaron, poniendo al rebelde en fuga duramente castigado… Así murió el cabecilla más feroz y sanguinario,
que con sus atroces crímenes sembró el terror y el espanto entre las gentes pacíficas que entregadas al trabajo miraban la insurrección como un infame atentado contra el bien y la riqueza del territorio cubano.

Antonio y José Maceo. Cabecillas separatistas

Tras la muerte de Maceo y otros cabecillas en Punta Brava, el desanimo entre los separatistas hizo efecto y redujeron la cantidad de ataques pero no la intensidad. En Pinar del Río se encontraban aislados los soldados españoles junto a los miles de campesinos y hacendados de toda la provincia. Estos pidieron regresar al campo para continuar con los trabajos pero Weyler se negó y debido a la escasez de alimentos provocada por la quema de cosechas de los mambises, los hospitales comenzaron a llenarse. Esta situación fue utilizada por la prensa extranjera y el acomplejado gobierno español decidió sustituir en el mando a Weyler:

Por el cable se hizo público el bochornoso espectáculo que ofrecía diariamente la administración, y al cabo se acordó atajar el mal cortando por lo más sano. Y para el mando de Cuba se nombró al general Blanco.

La quinta parte del libro narra la guerra directa con EEUU. Ya hemos visto que tras la muerte de Maceo, las fuerzas de los separatistas comenzaron a flaquear y parecía que el fin del terror estaba cerca. Además, España había concedido un estatuto de autonomía para Cuba que conformó a muchos terratenientes de la burguesía separatista y a otros ingenuos que la habían abanderado pero que Cuba continuase formando parte de España, no entraba en los planes de EEUU. Sin duda está es, quizás, la parte de la guerra que más conocen los españoles, la del sabotaje de falsa bandera del Maine y la del obligado suicidio de la Armada española en la bahía de Santiago. Respecto al Maine, en años recientes, EEUU ha reconocido que no fue un sabotaje español y se esconde bajo un presunto error humano en las calderas del buque por parte de los marineros yankees, un ataque de falsa bandera. Llama la atención, que en aquel año, tanto en Cuba como en la península ibérica se tenía la certeza que se trataba de un plan trazado por EEUU:

Cierta noche voló el Maine por causas que no se acierta nadie a explicarse. El siniestro a España imputable no era, porque acciones tan infames, en España, ni aun se piensan. Una información abrióse en que quedó manifiesta nuestra buena fe… y no obstante aquella gente grosera y desleal, lanzó al mundo la calumnia infame y necia de ser del siniestro autores los españoles.

Portada de un periódico estadounidense culpando a España de la explosión del Maine

Tras la declaración de guerra de EEUU no hace falta decir que la actividad violenta de los separatistas se reanudó más intensa. Más armas, municiones y mercenarios desembarcaron clandestinamente en la isla, bloqueada por la poderosa y moderna fuerza naval estadounidense que impidió la llegada de refuerzos desde la península. La economía española ya estaba en bancarrota y en este punto, el manuscrito culpa a la clase política que gobernaba en España:

El error único que hubo, no fue del pueblo que diera sus tesoros y su sangre por su Patria. La torpeza fue de los hombres políticos, insaciables sanguijuelas que desangraron a España sin preocuparse de ella… ¿Quién ó quienes se comieron aquella fortuna inmensa que se dio para la Marina?

La sexta y última parte del libro narra la heroica defensa de la ciudad de Santiago frente al desembarco de los marines yankees, hasta la destrucción de la escuadra española comandada por el Almirante Cervera y como los mambises separatistas mataban a los náufragos que llegaban a la costa. No nos vamos a extender más, tan solo vamos a añadir un párrafo que parece premonitorio para el destino de Cuba:

Cuba, en otros tiempos rica, arrasada y pobre por la horda de la manigua, pasó en depósito, en tanto quedaba reconocida su independencia, a poder
de Norte-América. ¡Días llegarán en que se acuerde de España!

El libro es de recomendada lectura, no lleva mucho tiempo hacerlo porque son tan solo veinticuatro páginas. Está guardado en la biblioteca del Consejo Superior de Investigación Científica, está digitalizado y es de libre acceso. Puede descargarlo en el siguiente enlace:

Soldados peninsulares en la isla de Cuba
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