ALFONSO II EL CASTO

Por su prolongado reinado durante 52 años, por unificar todos los núcleos cristianos rebeldes desde Galicia a Vascongadas consolidando el Reino de Asturias, por ser el primer peregrino a Compostela, por guerrero, por restaurar el orden gótico y por iniciar la corriente que identifica la lucha contra los musulmanes con la restauración del reino visigodo de Toledo, el ideal de Reconquista, el reinado de Alfonso II de Asturias es uno de los más importantes en la historia de España.

Alfonso II el Casto nació en Oviedo en el año 760. Era hijo del rey Fruela I de Asturias, nieto de Alfonso I y bisnieto de Don Pelayo. A los ocho años quedó huérfano de padre y fue enviado al Monasterio de Samos, en la provincia de Lugo, para ser educado como futuro rey de Asturias, encargo del que se ocupó su tía Adosinda, esposa del rey Silo de Asturias. En sus primeros años de juventud comenzó a tener sus primeras responsabilidades, encargándose de la administración del palacio real. A los 23 años de edad, en el año 783, murió su tío el rey Silo sin dejar descendencia, por lo que Alfonso fue elegido nuevo rey de Asturias pero otro tío suyo, llamado Mauregato, dio un golpe de estado junto a otros nobles y fue apartado del trono, teniendo que buscar refugio en tierras de Álava, de donde era su madre.

El reinado de Mauregato duró tan solo 6 años y a su muerte, otro tío de Alfonso, Bermudo I, aprovechó su cercanía en la corte para hacerse con el trono, siendo desplazado por segunda vez el joven Alfonso. Pero el destino como rey de Asturias se impuso y tras la derrota de Bermudo I frente a los moros en la batalla de Burbia, cerca de Villafranca del Bierzo (León), en el año 791, hizo que Bermudo I abdicase al trono y el 14 de septiembre de aquel año, Alfonso fue coronado rey de Asturias con 30 años de edad.

Su primera decisión como rey fue trasladar la capital del reino de Pravia a Oviedo. Pronto sufrió la ira de los moros, quienes atacaron y saquearon la nueva capital del rebelde reino cristiano de Asturias en el año 794. Pero cuando los moros regresaban de nuevo a Córdoba por la calzada romana de La Mesa, Alfonso II y sus hombres los emboscaron cerca de la villa de Grado (Asturias), en la batalla de Lutos, matando a casi todos, incluido Abd al-Malik, un importante general que fue degollado tras ser capturado. La derrota moruna no sentó bien en el emirato cordobés, por lo que al año siguiente enviaron un nuevo ataque contra el reino asturiano. Eran casi 10.000 jinetes moros que para evitar la concentración de tropas astures se dividieron en dos columnas; una se dirigió hacia Galicia y por allí estuvieron devastando algunas ciudades de la región pero al igual que el año anterior, cuando empezaron a regresar a Córdoba fueron nuevamente emboscados y derrotados, siendo capturados muchos prisioneros. La otra columna mora tuvo más suerte y vencieron a los asturianos en la Batalla de las Babias, en Astorga (León). Alfonso II y otros supervivientes tuvieron que escapar por el puerto de Ventana y en su retirada fueron alcanzados y derrotados dos veces más; en la batalla del rio Quirós y en la batalla del río Nalón, ambos en Asturias. Alfonso fue perseguido y tuvo que sacrificar a su caballería, mandando a la muerte al fiel Gadaxara, al mando de tres mil caballeros contra el triple de moros. Ambos bandos asumían que el reino no podía maniobrar sin cabeza y la de Alfonso era la más cotizada. La caballería musulmana consiguió llegar de nuevo a Oviedo, ciudad que de nuevo tomaron durante unos meses. Los moros no supieron o no pudieron aprovechar al máximo esta victoria e incomprensiblemente cuando llegó el invierno abandonaron la capital del reino asturiano sin lograr capturar a Alfonso II.

Fue entonces cuando Alfonso II comprendió que el reino de Asturias necesitaba de un nuevo planteamiento para sobrevivir a las continuas y devastadoras incursiones moras. Aquella del año 795 en el corazón de Asturias tenía que ser la última vez que los moros lograsen atravesar la cordillera cantábrica y así fue. Para que el reino de Asturias sobreviviese necesitaba una franja de seguridad y para ello comenzó a despoblar la meseta norte, trasladando las poblaciones al reino de Asturias. Las tierras que más tarde serán León y Castilla, quedaban así despobladas, sin cosechas ni ganado del que pudieran abastecerse los ejércitos moros, al tiempo que aumentaba demográficamente Asturias.

Realizó varias incursiones en los territorios ocupados por los moros, siendo la más memorable la realizada en el año 798 que tenía como finalidad asegurar Galicia, el flanco occidental del reino de Asturias. Refundó Oporto y llegó hasta Lisboa, ciudad que tomó y en la que además de liberar esclavos cristianos, consiguió capturar gran cantidad de prisioneros moros. Se encargó de que se enterase la cristiandad europea, del ataque a Lisboa,  enviando de regalo a Carlomagno siete armaduras, siete caballos y siete prisioneros moros. Con este acto, muy comentado en la órbita europea, Alfonso consiguió que el Reino de Asturias ganase prestigio.

Pero no bastaba una estrategia militar para la defensa y consolidación de Asturias, había que reorganizar política, social y culturalmente a Asturias. El mundo cristiano (Europa) debía saber que no toda la península ibérica estaba ocupada por los musulmanes y que en el norte existía un reino cristiano. Envió una embajada al entonces emperador Carlomagno para establecer una alianza y no es necesario decir que Carlomagno vio en aquellos duros y valientes hombres un importante muro de contención ante una posible invasión musulmana más allá de los Pirineos. En la política interior continuó la labor iniciada por su padre Fruela I de instaurar un modelo de tradición gótica y cierta articulación territorial bajo condes representantes de la autoridad real. En definitiva, una modernización que se consolidará en Asturias con Alfonso II.

El momento más delicado del reinado de Alfonso II ocurrió en el año 806, cuando sufrió un golpe de estado por parte de un grupo de nobles. Tuvo que recluirse  en el monasterio de Ablaña (Mieres, Cantabria), pero finalmente fue liberado y restaurado en el trono por Teudano, un caballero fiel a Alfonso II.  No se sabe quién atentó exactamente, lo que si es cierto es que no hubo rey durante el encierro de Alfonso II.

En el aspecto cultural Alfonso II tenía las ideas muy claras también; un gran reino necesita de una gran capital. A partir del año 808 surge un nuevo Oviedo con la construcción de edificios públicos para dotar a la capital de la infraestructura necesaria que demandaba su proyecto, dando continuidad a la tradición hispano-goda no interrumpida por la conquista islámica. Construye un hospital, una acueducto y una muralla que protege la ciudad. Se levantan magnificas iglesias como las de San Tirso o Santullano, decoradas con formidables pinturas, y arquitectos y artistas de otros lugares de Europa se instalan en Oviedo. En el Oviedo de Alfonso II se materializa la necesidad identitaria de la continuidad de Hispania.

«… y todo el ceremonial de los godos, tal como había sido en Toledo, lo restauró por completo en Oviedo, tanto en la Iglesia como en el Palacio.»

Crónica Albeldense

La Cruz de los Ángeles

En el año 808 donó a la iglesia de San Salvador de Oviedo una cruz de oro y piedras preciosas, la Cruz de los Ángeles. Cuenta la leyenda que un día, Alfonso II después de haber asistido a misa y tras haber llegado al palacio real, se le aparecieron dos ángeles en forma de peregrinos y le dijeron que eran orfebres. Alfonso les entregó oro y piedras preciosas y les proporcionó una casa a fin de que pudieran trabajar sin ser molestados. No obstante, el rey quería averiguar a qué clase de individuos había entregado su oro y piedras preciosas y por ello envió a varios hombres de su confianza para que viesen lo que hacían los orfebres. Al llegar a la casa donde trabajaban ambos orfebres, observaron que en el interior había un gran resplandor que impedía contemplar lo que allí ocurría y fueron a informar al rey, que fue a la casa donde estaban trabajando los orfebres y la halló vacía. Solo había una cruz que brillaba intensamente. Alfonso II el Casto tomó la cruz y la llevó a la iglesia de San Salvador, donde la depositó en el altar.

Al mismo tiempo que hacía todas estas reformas en el Reino de Asturias, continuaba con la guerra contra el invasor, consiguiendo su propósito de evitar que las fuerzas musulmanas se acercaran a Oviedo. La guerra se centró en zonas de Galicia, siendo la más famosa de todas la Batalla de Anceo, que tuvo lugar en el año 825 cerca de Ponte Caldelas (Pontevedra). En aquella ocasión derrotó a un formidable ejército musulmán liderado por Abderramán II. También tomó la iniciativa en algunas ocasiones, haciendo incursiones para rescatar esclavos en manos musulmanas por la Ribera del Duero e incluso llegó hasta Sevilla, algo inimaginable para el emirato de Córdoba en aquella época. Alfonso II se vengó atacando Medinaceli, Guadalajara y otras poblaciones musulmanas en el 834

Encargó a abades y obispos la función judicial y administrativa de los territorios ocupados. Organizó los nuevos territorios, estableciendo puestos fortificados (castillos) y encomienda a los nobles el control del territorio, siendo el campesino quién elige o cambia al señor. Esto procede de los romanos, los godos lo potenciaron y Alfonso II en su afán por reinstaurar el orden visigodo de Hispania, lo consolidó.

Otro acontecimiento muy importante sucedió durante su reinado. En el año 830 un ermitaño descubrió en un remoto lugar de Galicia la tumba del apóstol Santiago. Alfonso II se comprometió con el descubrimiento, apoyando la construcción de un templo en el lugar del hallazgo para que fuesen custodiados y para que los fieles les pudieran rendir culto. Aquél lugar fue llamado Campus Stelae (Compostela). Alfonso II es considerado el primer peregrino, creando el camino primitivo que parte desde Oviedo. El empeño de Alfonso II por consolidar esta peregrinación hizo que Santiago de Compostela se convirtiera en el más importante centro de peregrinación de la cristiandad. El camino de Santiago sería de vital importancia para la supervivencia del reino asturiano, por la importancia logística del camino y su comercio, como por la llegada de técnicas y caballeros desde Europa, que servirían para afianzar el reino.

Aunque contrajo matrimonio con Berta, una noble del reino de los francos, cuentan las crónicas que Alfonso II no tuvo relaciones intimas con ella ni con ninguna mujer, de ahí que se le conozca con el sobrenombre de el Casto.

La luz de Alfonso II el Casto, rey de Asturias, se apagó el 20 de marzo del año 842. Fue enterrado en el Panteón de Reyes de la Catedral de Oviedo pero debido a las reformas y ampliaciones llevadas a cabo durante siglos y la numerosa cantidad de personas allí sepultadas, a día de hoy se desconoce cual son los restos mortales del rey Alfonso II el Casto, el rey que consolidó el Reino de Asturias y el Camino de Santiago.

“Y así, tras haber llevado por 52 años, casta, sobria, inmaculada, piadosa y gloriosamente el gobierno del reino, amable para Dios y para los hombres, dejó marchar al cielo su glorioso espíritu”.  

Crónica Sebastianense

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