MARTÍN, EL HIJO MESTIZO DE CORTÉS Y MALINCHE

Esa indigencia cultural llamada indigenismo se empeña en vocear que Martín, el hijo de Hernán Cortés y la indígena Malinche, intentó crear un reino separado de España en México. El odio no conoce límites y todo vale por muy disparatado y falso que sea, con tal de construir en el imaginario colectivo una visión ser codicioso ya no solo con el propio Cortés, sino también con sus mestizos descendientes. No, Martín Cortés Malintzin nunca intentó traicionar a España, al contrario. Dedicó y arriesgó su vida al servicio de España en todos los frentes; en Francia, en Alemania y en Argel, contra los principales enemigos de España. Para colmo, fue amigo en la infancia de Felipe II, pues se educó en la Corte del futuro rey de España.

Martín Cortés Malintzin nació en Coyoacán (actual México) alrededor del año 1524, cuando Tenochtitlan ya había caído y la nobleza azteca ya no arrancaba corazones ni bebía la sangre de sus esclavos. Fue el primer hijo de Hernán Cortés y la indígena Malintzin, a quién la leyenda negra insulta llamándola Malinche, cuando en verdad hay que llamarla Marina, por ser este el nombre que ella eligió una vez liberada por los españoles. Martín Cortés fue por tanto, uno de los primeros mestizos de América.

La primera mentira que la indigencia cultural promovida por la leyenda negra y el indigenismo ha vertido sobre el bueno de Martín es que fue arrancado del seno materno y se le impidió criarse junto a su madre doña Marina. Falso. Ocurrió que su madre murió de viruela cuando él tan solo tenía tres años de edad. Martín siempre estuvo bajo la protección de su padre, quien nunca se avergonzó de él por ser hijo de una indígena, al contrario, el conquistador extremeño nunca se separó de él y siempre quiso la mejor educación posible para su primogénito. En 1529 Hernán Cortés regresó a España y consiguió que al pequeño Martín se le nombrase caballero de la Orden de Santiago y entrase en la corte del emperador Carlos. Allí fue donde Martín se educó junto a Felipe II, pues ambos tenían poca diferencia de edad.

La primera campaña militar en la que se sepa que participó Martín Cortés fue la de Argel en el año 1541, conocida como La Jornada de Argel. Fue una operación militar que tenía como objetivo tomar la ciudad mediterránea desde la cual el pirata musulmán Barbarroja imposibilitaba el comercio marítimo de los reinos cristianos de Europa y base desde la cual atacaba las ciudades y pueblos costeros del sur de Europa, causando grandiosos daños materiales y humanos. El mismísimo emperador Carlos se embarcó en aquella fuerza naval y terrestre, compuesta por unas 70 galeras y unos 25.000 hombres, entre los que se encontraban Cortés y su entonces adolescente hijo, Martín. Por desgracias, una tormenta dispersó a la armada española, perdiendo muchos barcos y teniendo que desembarcar a los supervivientes lejos de Argel. El propio Cortés y su hijo fueron de los que naufragaron frente a la costa y aunque sobrevivieron y consiguieron contactar con la cabeza de playa, finalmente el ejército tuvo que suspender la operación y reembarcar como se pudo, de regreso a España. Aunque fue una derrota, el bautismo de fuego para el joven Martín Cortés fue una excelente ocasión para demostrar su valía en situaciones adversas, debido también al acoso que sufrieron por parte de la caballería musulmana. Ya habría otras ocasiones para saborear la victoria y vaya si las tuvo.

La Jornada de Argel según un grabado de la época.

La siguiente campaña militar digna de mención en la que participó Martín Cortés, esta vez ya siendo alférez y sin su padre, fue en la batalla de Mühlberg (actual Alemania), el 24 de abril de 1547. Se trataba de tomar la ciudad del mismo nombre, donde estaba acantonado el ejército de la Liga Esmalcalda, una serie de principados alemanes luteranos que se habían rebelado contra el emperador Carlos. Aquella batalla es celebre porque el ejército luterano pese a estar sitiados por las tropas imperiales, se encontraban seguros ya que tenían como barrera las caudalosas aguas del río Elba. Pero con lo que no contaban los luteranos, fue con la audacia de los Tercios españoles, quienes en la madrugada de aquella noche se lanzaron sigilosamente a las gélidas aguas con los arcabuces en alto y consiguieron cruzar el río y posteriormente lanzarse al asalto. La victoria en Mühlberg es una de las más recordadas de la historia militar española. En ella estuvo presente el emperador Carlos y por supuesto Martín Cortés Malintzin.

Otra famosa y dura campaña en la que participó el que según la indigencia cultural intentó separar el virreinato de la Nueva España de España, fue la archiconocida Batalla de San Quintín, el 10 de agosto de 1557. Esta vez el enemigo era Francia (con la ayuda de holandeses y otros luteranos), a cuenta de la disputa que tenían España y Francia a cuento de los reinos italianos. Como se ha escrito bastante respecto a esta importante batalla, no nos vamos a extender, solo basta recordar que España derrotó a Francia y que para celebrar tan importante victoria, Felipe II decidió construir el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Debido a los méritos de Martín Cortés durante la batalla, el rey Felipe II recompensó a Martín Cortés, su antiguo compañero de estudios, con el grado 13 de la Orden de Santiago.

Batalla de San Quintín. Sala de batallas de El Escorial.

La brillante carrera militar del mestizo Martín Cortés Malintzin continuó en el llamado Sitio de Malta, en el año 1565. El turco Solimán el Magnífico bloqueó y desembarcó un enorme ejército para hacerse con el control de la isla de Malta, defendida por la Orden Hospitalaria de San Juan. La toma de la pequeñas isla mediterránea era tan solo el primer paso de un ambicioso plan de Solimán para utilizarla como base para proyectar desde la isla otras fuerzas militares hacía la península itálica y conquistar Roma. Felipe II comprendió la gravedad de la situación y tuvo que destinar una gran cantidad de recursos humanos y materiales para evitar que Malta cayese en manos turcas. El Sitio de Malta fue una campaña durísima que duró cuatro meses. 25.000 Españoles, italianos y alemanes se dejaron allí la vida en defensa de la cristiandad. Aquél fue el precio de la victoria frente a los turcos. Por su labor durante aquellos 4 meses, en y frente al infierno, Martín Cortés fue ascendido.

Martín Cortés Malintzin siguió su carrera militar combatiendo en los Tercios de Flandes en otras campañas en Europa pero en el año 1568 hizo un paréntesis para viajar a su tierra natal. Allí sufrió una grave y falsa acusación que los sembradores del odio y la indigencia cultural utilizan para difamar su nombre, su honor y su patriotismo. Ocurrió que estando en México falleció el Virrey de Nueva España, dejando un vacío de poder que fue utilizado por algunos trepas de turno para acusarle falsamente de intentar hacerse con el poder y establecer un reino independiente de España. Fue encarcelado y torturado, hasta que unos miembros eclesiásticos de Nueva España descubrieron la trama y acabó siendo indultado. A su regreso a España y enterado Felipe II de la sucia y cruel jugada de la que había sido víctima, le recibió personalmente y le ascendió a Capitán.

Un año después, en 1569, estalló la llamada Guerra de las Alpujarras, una rebelión de los moros de Granada, instigada por los turcos y que tenía como finalidad instaurar un califato en el sur de España; recuperar Al Andalus, decían ellos. No habían pasado ni 80 años de la toma de Granada por los Reyes Católicos y de nuevo España se enfrentaba a un grave problema de seguridad dentro de sus fronteras. Iglesias y conventos de Granada fueros asaltados e incendiados y aunque se consiguió recuperar el orden de la ciudad, los moros habían tomado las Alpujarras. No fue suceso menor, duró tres años y hubo que movilizar a los Tercios por primera vez dentro de España. Al frente de los Tercios acudió Don Juan de Austria. Allí se pierde la pista de nuestro hombre. Parece ser que falleció en 1569 durante un combate contra los moros en la Alpujarras. Martín Cortés Malintzin, hijo de Hernán Cortés y doña Marina, el primer mestizo hispanoamericano.

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