LA RECONQUISTA

URRACA I DE LEÓN

Urraca I, reina de León y Castilla, dejó una huella imborrable en el panorama político y social de su tiempo. Fue la primera mujer en Europa en ejercer un reinado de pleno derecho. Su apodo, la Temeraria, refleja su valentía, determinación, habilidad diplomática y liderazgo para enfrentar desafíos políticos y conflictos familiares. Durante su reinado en un período turbulento, que abarcó desde 1109 hasta 1126, luchó contra las intrigas de la nobleza, las ambiciones de sus maridos, la envidia de sus hermanos y las amenazas de los musulmanes.

Durante siglos, se la presentó como una mujer histérica y pecadora. Sin embargo, si analizamos sus documentos (cartularios), vemos a una administradora meticulosa. Urraca fue la primera en conceder derechos a los ciudadanos para debilitar a los nobles y mantuvo la frontera del Tajo cuando el reino parecía colapsar.

Urraca I de León en el Tumbo A de la Catedral de Compostela siglo XII
Urraca I de León.
Generada por IA a partir de su imagen en el Tumbo A en la Catedral de Compostela. Siglo XII

Urraca Alfónsez nació el 24 de junio de 1081 en León. Era la hija primogénita de Alfonso VI y la reina Constanza de Borgoña. Su madre falleció cuando Urraca era joven, y el nacimiento en 1093 de su medio hermano Sancho, como hijo varón, se convirtió en el heredero preferido de Alfonso VI y la apartó de la línea sucesoria al trono. La infancia de Urraca estuvo marcada por estas circunstancias excepcionales y por la lucha constante entre su posición como heredera y las expectativas de su padre. Sin embargo, Urraca no se resignó a un papel secundario.

Contrajo matrimonio con Raimundo de Borgoña, un noble borgoñón que llegó a León tras la batalla de Sagrajas, respondiendo al llamamiento de Alfonso VI para organizar una cruzada contra los almorávides que asolaban la península ibérica. En el año 1096, Teresa de León, hija de Alfonso VI y su amante Jimena, se casó con otro miembro de la casa de Borgoña, concretamente con Enrique de Borgoña, sobrino de la madre de Urraca que, recordemos, era también de la casa de Borgoña. Para contentar a ambas hijas y ambos yernos, el rey Alfonso VI decidió partir en dos sus reinos y otorgó el de Galicia a Urraca y a su marido y el ducado de Portugal (las tierras entre los ríos Miño y Duero) a Teresa.

Urraca había optado por un papel secundario, pero a raíz del fallecimiento en el año 1107 de su marido Raimundo, Urraca comenzó a desempeñar un papel protagonista, debido en parte al amplio territorio que le correspondía reinar; Galicia, la actual provincia de Zamora, el suroeste de León, Salamanca, Ávila y la villa extremeña de Coria. Con 27 años, Urraca se convertía en la mujer más poderosa de la península ibérica… Y más poder iba a obtener un año más tarde, en 1108 al morir su hermano Sancho batallando contra los moros en la Batalla de Uclés (Cuenca). Ante la amenaza que suponía para Segovia esta derrota, Urraca tuvo que organizar rápidamente un ejército para defender la ciudad castellana de un previsible ataque musulmán.

La muerte de Sancho, el único hijo varón de Alfonso VI, los detractores de Urraca como heredera al trono, se quedaban sin argumentos. Para evitar dudas que pudieran dar lugar a una guerra civil por la corona de León, pues para la época se consideraba anómalo el tener una mujer al frente de la corona, Alfonso VI propuso varios candidatos para casarse con Urraca; el conde Gómez González, un veterano alférez del rey y amante de Urraca, que era el preferido por parte de la nobleza leonesa y el conde Pedro González de Lara, que contaba con el apoyo de la nobleza castellana. Alfonso VI, consciente de los problemas que podía acarrear esta división entre leoneses y castellanos, tuvo la brillante idea de proponer como marido a Alfonso I El Batallador, rey de Aragón y Navarra, idea que no gustó a unos ni a otros ni a la propia Urraca.

Al año siguiente, en 1109, Alfonso VI decidió nombrar heredera a Urraca a cambio de prometer que se casaría con Alfonso I El Batallador, con el fin de unir León, Aragón y Navarra, trato que pactó Urraca. Pero los acontecimientos se precipitaron y de nuevo, los moros marcaron el calendario. La península se encontraba en plena invasión almorávide y tomaron la ciudad de Alcalá de Henares, situación que ponía en peligro a la ciudad de Toledo, por lo que Alfonso VI decidió marchar a la ciudad, pese a que una herida no le permitía montar a caballo. En Toledo convocó a los nobles y allí proclamó heredera al trono leonés a Urraca, a finales del mes de junio, pero, unos días después, el 1 de julio, el rey Alfonso falleció, por lo que Urraca se convirtió en la primera mujer europea en convertirse reina de pleno derecho.

En aquel otoño, Urraca la Temeraria y Alfonso I el Batallador se casaron por conveniencia, en una boda carente de pasión por ambas partes. En el acuerdo matrimonial, el rey Alfonso cedía amplias tierras a su esposa y se comprometía a no abandonarla. Si tuvieran algún hijo, este heredaría las tierras del padre, pero, si no era así, Urraca y sus hijos se harían con las coronas de Aragón y Navarra cuando muriese el Batallador.​ Sí por el contrario fuese Urraca la primera en morir, su corona pasaría a Alfonso y a los hijos que pudiesen tener.​ Sí no tenían descendencia conjunta, Alfonso disfrutaría vitaliciamente de las tierras de su esposa en usufructo, que al fallecer él pasarían al hijo que Urraca había tenido en su primer matrimonio con Raimundo. En definitiva, el acuerdo matrimonial era favorable para Urraca.

Boda de Urraca I de León y Alfonso I de Aragón, El Batallador.
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Lejos de apaciguar los ánimos, la boda desencadenó una guerra civil que iba a durar ocho años, pues Alfonso el Batallador nombró a nobles aragoneses y navarros para importantes cargos públicos y como alcaides de los castillos y enclaves leoneses y castellanos.​ Además, la reina Urraca comenzó a temer por la vida de su hijo y sospechaba que el rey aragonés estaba decidido a matarlo para quitarse de en medio a tan gran competidor por el reino de León. En vista de la situación la reina Urraca decidió separarse de Alfonso.

“E entonçes la reina, avido su consejo con los suyos, deliberó façer diborçio e separación del marido; e tornóse a León”

Primera Crónica de Sahagún

Urraca trabajó activamente para lograr la anulación eclesiástica del matrimonio argumentando ante el Papa que era incestuoso, pues ambos eran bisnietos de Sancho Garcés III de Pamplona. El Papa amenazó con la excomunión de los dos si estos no anulaban el matrimonio. La reina afirmaba, que:

Aunque el matrimonio se efectuó muerto el rey, su padre, con voluntad y orden los grandes de su reino, fue contra la suya y que recibió muchos denuestos y se le hicieron malos tratamientos por el rey de Aragón y que usaba gran tiranía y echó a los obispos de Burgos y León de sus iglesias, y prendió al de Palencia, y desterró al obispo de Toledo por dos años de su diócesis siendo legado de la sede apostólica, y que sacó del Monasterio de Sahagún al abad y puso en él a don Ramiro, su hermano. Era la pasión tan terrible, que la reina afirmaba que con gran furor y odio procuraba la muerte del infante, creyendo suceder en el reino. Y con esto iban incitando y conmoviendo contra él los pueblos.

Jerónimo Zurita. Cronista Mayor de la Corona de Aragón

Mientras, en Galicia, el Obispo de Santiago y el conde de Traba vieron su oportunidad y se rebelaron en contra del matrimonio, en favor de los derechos hereditarios de Alfonso, el hijo de Urraca, de quien se apoderaron secuestrándolo del noble a quien Urraca había confiado su educación y entregándoselo a otro afín a su causa, con la intención de proclamarlo rey de un nuevo territorio. En respuesta, Alfonso El Batallador se dirigió hacia Galicia con su ejército y derrotó a los gallegos en mayo del año 1110 en Monterroso (Lugo).

Solo una nueva ofensiva de los moros, que aprovechando la inestabilidad aprovecharon para lanzar una ofensiva militar, hizo detener temporalmente la operación de castigo. Tras derrotar a los moros, El Batallador volvió a enfrascarse en la guerra contra su todavía esposa, y atacó las ciudades y villas que habían tomado partido por Urraca. Sometió Toledo, Palencia, Burgos, Osma, Orense y Sahagún, donde apresó a Urraca, quien se había instalado en la villa a la espera de la llegada de los papeles de Roma con la nulidad matrimonial.

Todo parecía perdido para Urraca, encerrada en la fortaleza de El Castellar, en Teruel, y Castilla arrasada en poder de Alfonso I. Pero entonces apareció la resistencia castellana. Enterados de la ubicación de la reina Urraca, su amante, el conde Gómez González envió un grupo de hombres, liderados por Pedro González de Lara para rescatarla, objetivo que consiguieron.

Esta inestable situación fue utilizada por Teresa de Portugal, la medio hermana de Urraca, casada con Enrique de Borgoña y que ejercían el poder en el condado de Portugal (actual sur de Galicia y norte de Portugal) para intentar ganar territorios, así que Enrique marchó a Francia para reclutar un ejército con el que hacer frente al de Urraca.

La principal batalla de toda esta guerra civil, tuvo lugar en Fresno de Cantespino, en el año 1111. Alfonso el Batallador, gracias a los refuerzos conseguidos por Enrique en Francia, consiguió vencer a los partidarios de Urraca, cuyo contingente sufrió las disensiones internas, pues el conde Pedro González de Lara abandonó la batalla con los suyos para dejar en desventaja al otro conde; Gómez González, el amante de la reina Urraca que pereció en el combate. El motivo por el cual González de Lara abandonó la batalla nada más comenzar esta, es claro; para quedar como único favorito de la reina.

Comenzándose a herir de ambas partes la batalla, desamparó luego el conde don Pedro González (de Lara) el estandarte real, y salió huyendo del campo y el conde don Gómez con los castellanos de su batalla estuvo firme en ella, pero fueron a la postre desbaratados y vencidos y quedó el conde Gómez vencido y muerto en el campo.

Jerónimo Zurita. Cronista Mayor de la Corona de Aragón

La victoria de Alfonso no le sirvió para acabar con el poder de Urraca, pues se apoderó de Toledo, ciudad que había pactado entregar a Enrique y Teresa de Portugal. Urraca, en una hábil maniobra, envió un mensajero a Enrique para ofrecerle dividir el reino con él, ofrecimiento que el interesado Enrique no pudo denegar y aceptó, por lo que cambió de bando, dejando de esta manera en difícil situación a Alfonso el Batallador, quien tuvo que refugiarse en el castillo de Peñafiel, en Valladolid. Los ejércitos de Urraca y Enrique sitiaron el castillo, aunque no consiguieron asaltarlo, por lo que decidieron retirarse.

Castillo de Peñafiel (Valladolid)

Pero esta nueva alianza iba a durar poco. Tras haber dejado en delicada situación militar a Alfonso el Batallador, Urraca se dio cuenta que ahora el aragonés necesitaba su ayuda, así que le ofreció la reconciliación mediante un nuevo pacto, que ambos firmaron en la villa de Carrión de los Condes (Palencia). No hace falta decir que esto provocó la ira en Teresa y Enrique de Portugal, quienes dirigieron su ejército hacia la villa palentina pero la rápida reacción -seguramente ya prevista- de los ejércitos leonés, castellano y aragonés, puso en huida al ejército de los de Portugal.

Batalla de Viadangos, actual Villadangos del Páramo:

«Y pasando más adelante por aquel reino, salieron contra el obispo don Diego Gelmírez y el conde don Pedro de Trava que venía a León, y los gallegos y leoneses que se juntaron con el infante don Alonso. Y hubo entre ellos una muy cruel batalla en Viadagos, entre Astorga y León, a donde fueron todos vencidos con grande pérdida y daño; y fue muerto el conde don Fernando y otros muchos caballeros; y quedó allí preso el conde don Pedro de Trava. Y el obispo sacó de la batalla al infante y llévalo a su madre al castillo de Orzilión que era inexpugnable.».

Jerónimo Zurita. Cronista Mayor de la Corona de Aragón

La batalla de Viadangos fue un punto de inflexión psicológico. Alfonso I de Aragón, el Batallador, había masacrado a las tropas gallegas que escoltaban al joven Alfonso Raimúndez (el hijo de Urraca). El obispo Diego Gelmírez tuvo que huir a uña de caballo para salvar al niño, el futuro Alfonso VII.

Urraca se encontraba en una posición imposible. Por un lado, su marido (Alfonso de Aragón) actuaba como un invasor en tierras leonesas. Por otro, la facción gallega quería usar a su hijo como un arma política contra ella. Urraca comprendió que no podía confiar en nadie.

Tras la violencia de Viadangos, la reconciliación con el Batallador era impensable. Urraca se refugió tras las murallas en León y comenzó a emitir documentos reafirmando su autoridad única:

«Urraca, reina de toda España».

Firma de Urraca I de León

El matrimonio fue anulado formalmente por el Papa basándose en la consanguinidad, pero Alfonso de Aragón se negó a abandonar las plazas fuertes de Castilla. Se inició así una guerra de guerrillas que duraría años. Urraca no tenía un gran ejército, pero tenía algo mejor: el apoyo de las ciudades. Las burguesías de León, Sahagún y Burgos preferían a una reina propia que a un rey aragonés.

A partir de 1112, la vida de Urraca se convirtió en un baile de traiciones a tres bandas. Urraca quería gobernar sola y mantener la integridad del Imperio Leonés. Alfonso VII (el Infante), representaba la legitimidad de la estirpe de Borgoña y Diego Gelmírez, el ambicioso obispo de Santiago que quería convertir su sede en el centro del poder peninsular.

Urraca tuvo que jugar una partida de ajedrez magistral. Cuando Gelmírez presionaba demasiado para que ella abdicara en su hijo, ella se aliaba temporalmente con su exmarido aragonés. Cuando el aragonés avanzaba demasiado hacia el corazón del reino, ella corría a abrazar a su hijo y a la nobleza gallega.

Uno de los momentos más dramáticos de su vida ocurrió en Santiago de Compostela. Urraca y el obispo Gelmírez se encontraban en la ciudad para tratar de calmar los ánimos del pueblo, que estaba asfixiado por los impuestos para la guerra.

La multitud se amotinó. Urraca y el obispo tuvieron que refugiarse en una torre de la catedral en construcción. Los ciudadanos prendieron fuego a las puertas. La reina, demostrando una valentía inaudita, salió a parlamentar con la muchedumbre. La respuesta fue brutal: fue apedreada, despojada de sus vestiduras y vejada en la plaza pública.

Logró escapar de milagro, pero aquel evento la marcó profundamente. Meses después, regresó con un ejército y sometió a la ciudad, demostrando que, aunque era mujer, su puño era de hierro cuando se trataba de defender la autoridad real.

Hacia 1120, la tensión con su hijo Alfonso Raimúndez llegó al límite. El joven ya era un adolescente y sus tutores lo empujaban a tomar el trono por la fuerza.

Urraca tomó una decisión extrema: encarceló a su propia hermana, Teresa de Portugal, que estaba conspirando con los gallegos, y se preparó para la batalla contra las tropas de su hijo. Sin embargo, antes de que la sangre llegara al río, la reina demostró su genio diplomático. En el Pacto de Tamara, aceptó que su hijo gobernara ciertas zonas bajo su supervisión, manteniendo ella la soberanía suprema hasta su muerte.

Pacto de Tamara.
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Fue una tregua armada. Urraca sabía que su tiempo se agotaba, pero se negaba a ser una figura decorativa. Seguía viajando de castillo en castillo, firmando fueros (leyes) para las ciudades y asegurándose de que el Reino de León no se desintegrara ante el empuje de los almorávides por el sur y los aragoneses por el este.

Los últimos años de Urraca fueron de una actividad frenética. A pesar de los constantes conflictos, logró que Alfonso de Aragón se retirara definitivamente a sus fronteras naturales. Logró también frenar las ansias independentistas de su hermana Teresa en lo que hoy es Portugal.

Murió el 8 de marzo de 1126 en el castillo de Saldaña. La causa oficial de su muerte ha sido objeto de debate: algunos sugieren complicaciones de un último parto tardío, otros simplemente el agotamiento de una vida dedicada a la guerra y la política.

Al morir, el trono pasó a su hijo Alfonso VII de forma pacífica, algo que parecía imposible años atrás. Dejó a su hijo un imperio sólido sobre el cual él pudo coronarse Imperator Totius Hispaniae. Sin la resistencia de su madre, Alfonso VII habría heredado apenas un puñado de condados desunidos. Urraca le entregó un reino unido, fortalecido y con una nobleza que, aunque rebelde, entendía que la corona leonesa era el centro de la Cristiandad hispana.

Panteón de los Reyes, en San Isidoro de León

Urraca descansa hoy en San Isidoro de León, bajo un epitafio sencillo

HIC REQVIESCIT REGINA VRRACA, FILIA REGIS ALFONSI ET REGINAE CONSTANTIAE, QVAE OBIIT VIII IDVS MARTII, ERA MC XXVI

Aquí descansa la reina Urraca, hija del rey Alfonso y de la reina Constanza, que murió el 8 de las idus de marzo, en la era de 1126

Aunque su reinado estuvo marcado por conflictos y tensiones, Urraca I dejó un legado que perdura como una figura influyente en la historia de León y Castilla, y dejó una huella imborrable en la historia de España.

Imperatrix Totius Hispaniae Reina de León

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