GUZMÁN EL BUENO EN TARIFA

Alonso Pérez de Guzmán se ganó el sobrenombre de “el Bueno” y un lugar en la historia de España durante la defensa de Tarifa (Cádiz), al no ceder al chantaje de los moros que le exigieron rendir la ciudad o de lo contrario matarían a su hijo, quien estaba cautivo de los moros.

Alonso Pérez de Guzmán nació en León el 24 de enero del año 1256. Era hijo bastardo del Adelantado de Castilla Pedro Guzmán, fruto de una relación con una dama que murió durante el parto.

La primera referencia de Guzmán el Bueno en unas crónicas data del año 1275, según las cuales, el joven Alonso demostró una gran valentía durante una batalla contra los moros en Jaén, consiguiendo apresar a un importante jefe militar moro. Cuatro años más tarde, en 1279, Alonso Pérez de Guzmán sufrió un gran desagravio durante un torneo celebrado ante el rey Alfonso X el Sabio, pues su tío paterno mencionó el origen bastardo del joven Alonso de manera muy despectiva. Enfadado por ese comentario en presencia del rey, Alonso Pérez de Guzmán decidió renunciar a su ciudadanía o como se decía entonces, desnaturalizarse, un privilegio castellano que tenían los hidalgos. Así pues, ofreció sus servicios al emir Abu Yosef, algo muy común entre los caballeros despechados en aquella época, un gran ejemplo es el Cid, quién también sirvió a los moros tras su enfrentamiento con el rey Alfonso más de un siglo antes.

Estatua de Guzmán el Bueno en León.

Los caballeros apátridas que servían a los emires musulmanes no estaban obligados a luchar contra cristianos, por lo que el papel de Alonso Pérez de Guzmán se limitó a servir como escolta del emir de Fez y reprimir a los enemigos internos del emir. Pero la situación política en Castilla dio un giro inesperado cuando Sancho, el hijo del rey Alfonso X se rebeló contra su padre. Las arcas de Alfonso X estaban vacías y la mayor parte de la nobleza había dado la espalda al rey sabio, a la espera que con la coronación de Sancho obtuvieran mayores privilegios, por lo que Alfonso X se vio obligado a pedir ayuda al emir de Fez y pensó que nadie mejor que Alonso Pérez de Guzmán para que hiciese de intermediario.

Así pues, tres años después de su destierro voluntario, en el año 1282, Alonso Pérez de Guzmán regresó a España con una importante cantidad de dinero que el emir de Fez enviaba a Alfonso X, quién en recompensa a Guzmán ofreció en casamiento con una joven dama de la alta nobleza llamada María Alonso Coronel, con quien tendría cinco hijos y de quien escribió el cronista Pedro de Barrantes:

“rica de hacienda, de muy gran hermosura, al parecer de muchas virtudes y bondad”

Cronista Pedro de Barrantes
María Alonso Coronel, esposa de Guzmán el Bueno según una escultura del siglo XVI

Durante aquel año, Alonso Pérez de Guzmán estuvo guerreando contra las villas y ciudades que se habían sublevado contra Alfonso X y viendo el rey sabio que Alonso Pérez de Guzmán era un brillante militar le recompensó nuevamente pero esta vez con territorios, otorgándole el señorío de Alcalá de los Gazules (provincia de Cádiz), con la esperanza que una vez sofocada la rebelión, Alonso Pérez no retornara con el emir de Fez. Algo que no ocurrió, pues Alonso Pérez volvió al norte de África junto a su joven y rica esposa.

Hasta el año 1291 Alonso Pérez de Guzmán estuvo viviendo en Fez al servicio del emir pero tras la muerte de este, las relaciones con el heredero del emir no fueron tan buenas como con el padre y poco a poco fueron deteriorándose. Quizás viendo venir el desenlace, Alonso Pérez envió a su mujer y a sus hijos a Sevilla, enviándola de vez en cuando fuertes sumas de dinero que su esposa supo administrar, haciendo compras de grandes territorios en el sur de España. Con la mente puesta ya en su regreso a Castilla antes de caer en total desgracia con el emir, Alonso Pérez ideó un plan para ganarse el beneplácito del nuevo rey de Castilla que no era otro que Sancho, el hijo de Alfonso X, a cuyas tropas se había enfrentado y vencido Alonso Pérez de Guzmán tan solo unos años antes. El plan no era otro que aprovechando la misión de recaudar los tributos de las ciudades y pueblos dependientes del emir en el norte de África, una vez con el dinero recaudado no marchar a Fez sino a España, consiguiendo un barco que le ayudara a cruzar el estrecho gracias a la corrupción que había en el emirato. Y de esta manera, en julio del año 1291 regresaba a Sevilla al reencuentro de su esposa e hijos, cargado con la fortuna de los tributos del emir de Fez y que le sirvieron para reconciliarse con el nuevo rey de Castilla y León, Sancho IV, su anterior enemigo.

Estatua de Guzmán el bueno en Tarifa

El retorno de Alonso Pérez de Guzmán a Castilla ocurrió en unos meses en los que Sancho IV estaba organizando una gran campaña militar para reconquistar la zona del estrecho de Gibraltar. Tal vez no fue casualidad, porque para esta campaña, Alonso Pérez aprovechó su antigua amistad con un enemigo interno del emir de Fez para recomendarle una sublevación que provocase la necesidad del emir de desviar su atención no sobre la ofensiva castellana en Andalucía, sino sobre ese levantamiento en casa. La campaña de Sancho IV (apodado el Bravo) sobre el área del estrecho fue un éxito, logrando reconquistar plazas muy importantes, como la de Tarifa (21 de septiembre de 1292), en la que participó con un papel importante Alonso Pérez de Guzmán. y cuya alcaldía fue entregada a nuestro protagonista poco tiempo después.

Los avances logrados por los cristianos en el sur dejaban en difícil situación estratégica y económica al reino musulmán de Granada y no le quedó más remedio que pedir ayuda a sus aliados del norte de África para echar a los cristianos de las plazas que recientemente habían perdido y sobre todo, evitar que Algeciras cayera en manos castellanas, pues era el siguiente objetivo de Sancho IV. Comenzó así, una importante ofensiva musulmana naval y terrestre en el sur de la península ibérica en socorro del reino musulmán de Granada.

El asedio musulmán sobre Tarifa comenzó en abril del año 1294, sufriendo la villa intensos bombardeos desde las galeras y varios asaltos a su muralla que fueron heroicamente rechazados por Alonso Pérez de Guzmán y sus habitantes. El asedio se prolongó durante cinco interminables meses, hasta que en la segunda quincena de agosto, una flota aliada de Castilla y Aragón consiguió derrotar a la flota musulmana en el estrecho. Viendo los moros que la situación de su ejercito terrestre se complicaba, intentaron primero por la vía económica sobornar a Alonso Pérez para que rindiese la ciudad a cambio de una importante suma de dinero, soborno al cual no accedió.

El tiempo iba en contra de los moros; corrían peligro de pasar rápidamente de sitiadores a sitiados sí no conseguían entrar en Tarifa antes de que los ejércitos castellano y aragonés desembarcaran. Así que agobiado por la situación, el moro que mandaba el asedio, de nombre Abú Yaqub, aprovechando que tenía cautivo al hijo mayor de Alonso Pérez de Guzmán, (de diez años de edad), le dijo a los pies de la muralla que sí no rendía la ciudad mataría a su hijo allí mismo. Muy a su pesar, la respuesta de Alonso Pérez de Guzmán fue consecuente con su responsabilidad al frente de una ciudad sitiada en la cual muchos habitantes ya habían perdido familiares durante el asedio. Alonso Pérez de Guzmán desenfundó su propio cuchillo y lo arrojó sobre los chantajistas al tiempo que exclamó:

«Matadle con este, si lo habéis determinado, que más quiero honra sin hijo, que hijo con mi honor manchado.»

Cronista Pedro de Barrantes

“Guzmán el Bueno arrojando su daga en el cerco de Tarifa” . Salvador Martínez Cubells

Por desgracia, el ultimátum se cumplió y el hijo fue degollado. Este trágico suceso está documentado de sobras, aunque no está claro quien cual fue el hijo asesinado ni como llegó a manos pero parece ser que se trataba del mayor de los hijos que entonces tenía 10 años de edad. Según los cronistas de la época, Barrantes y Medina, el hijo había sido entregado por sus padres al Infante Don Juan (hermano del rey Sancho) para que sirviese como paje en la corte del rey de Portugal pero en un momento dado, el infante Don Juan se enemistó con su hermano el rey Sancho y se pasó al servicio de los moros con todo su séquito, incluido el pequeño a quien Alonso Pérez de Guzmán había confiado para su formación.

Finalmente, las tropas de Castilla y Aragón consiguieron romper el asedio que sufría Tarifa y la ciudad quedó salvada. El chantaje sufrido por Alonso Pérez de Guzmán y su heroica actitud fue recogida por los cronistas de todos los reinos peninsulares, por lo que el acervo popular apodó a Alonso Pérez de Guzmán como el Bueno , sobrenombre por el cual es conocido; Guzmán el Bueno.

Por su heroica defensa de Tarifa, el rey Sancho IV el Bravo, recompensó a Guzmán el Bueno con todas las tierras al oeste de El Puerto de Santa María, en Cádiz. Eran estas unas tierras que habían quedado despobladas por las continuas y brutales incursiones que habían hecho los moros. Así pues, la repoblación de estas tierras y su defensa contra el reino musulmán de Granada, quedó en manos de Alonso Pérez de Guzmán, el Bueno.

Castillo de Tarifa

Convertido en héroe, rico y hombre de confianza del rey, todo se volvió a complicar para Guzmán el Bueno al año siguiente de la defensa de Tarifa, en 1295, al fallecer el rey Sancho IV y desencadenarse una nueva guerra por el trono castellano. Guzmán el Bueno tomó partida por María de Molina, la viuda de Sancho IV que tomó la regencia del reino y esto le obligó a partir hacia Castilla junto a 400 caballeros que logró reunir para acabar con la rebelión de la nobleza sublevada. Durante esta guerra, Guzmán el Bueno participó en varias batallas de manera sobresaliente, siendo mencionado en varias ocasiones por los cronistas.

En 1309, con 53 años de edad, el rey Fernando IV contó con el para un anhelado sueño cristiano desde hacía muchas décadas, desde tiempos de Alfonso X el Sabio; la reconquista de Algeciras. Sabiendo que iba a ser una campaña muy dura, su esposa le propuso que no participara en persona, pues ya no tenía edad para combatir, a lo que según el cronista Pedro de Barrantes, Guzmán el Bueno respondió:

“Esos trabajos, señora, no se acabarán hasta que los moros se acaben; pero los hombres como yo los han de acabar o acabar en ellos… Yo iré a la guerra, y si volviese, holgarnos hemos, y si allá quedare, pagaré la deuda que debo a Dios de la vida, al rey de las mercedes que me ha hecho y a mi honra de morir en ella”.

Cronista Pedro de Barrantes

El 27 de julio de 1309 el ejército castellano comenzó el asedio de Algeciras y a los pocos días el rey encargó a Guzmán el Bueno que atacase Gibraltar y así hizo, llevando consigo dos ingenios (catapultas) capaces de lanzar grandes piedras. A comienzos de septiembre la ciudad se rindió y Guzmán el Bueno volvió al asedio de Algeciras, donde estaba instalado el campamento real. La siguiente misión que encargó el rey a Guzmán el Bueno fue la de hacer una cabalgada (incursión) por la serranía de Ronda (provincia de Cádiz) contra los moros que hostigaban los movimientos de tropas castellanas que estaban participando en la reconquista de Algeciras y Gibraltar. Estando en la sierra de Gaucín, el 19 de septiembre del año 1309, su columna fue emboscada por los moros y Guzmán el Bueno fue alcanzado por varias flechas de ballesta que acabaron con su vida.

“Aquí yace don Alonso Perez de Guzman que dios perdone, que fue bienaventurado, e que puno sienpre en servir a dios e a los reyes, e fue con el muy noble rey don Fernando en la cerca de Algezira, y estando el rey en esta cerca fue a ganar Gibraltar, e despues que la gano, entro en cavalgada en la Sierra de Gausin, e ovo y fazienda con los moros, e mataronlo en ella viernes diez y nueve dias de setiembre era de mill e trezientos e nueve años”.

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