AGUSTINA DE ARAGÓN

Agustina de Aragón, aragonesa de Barcelona, no solo combatió a los franceses en Zaragoza, también lo hizo en otras ciudades españolas y con el grado de subteniente de artillería del ejército español. Casi todos sabemos que fue una heroína en la lucha contra la invasión francesa pero pocos saben que un hijo suyo murió de hambre, cansancio y enfermedad mientras ambos eran prisioneros de los franceses.

Agustina Zaragoza Domenech parecía predestinada por su apellido cuando nació el 4 de marzo de 1786 en Barcelona. A los 17 años se casó con otro adolescente de un pueblo de Gerona que por entonces era cabo segundo en el Regimiento 1º del Real Cuerpo de Artillería y estaba destinado en Barcelona. Debido a la carrera militar de su marido, el joven matrimonio pasó a residir un tiempo en Mahón (Menorca) y después regresó de nuevo a Barcelona. Estando en la Ciudad Condal en 1808 y ya con un hijo, ocurrió la sublevación del 2 de mayo contra la invasión francesa y por ello el marido fue destinado a Zaragoza, una vez más, la familia se trasladó a la ciudad aragonesa.

Zaragoza se había alzado frente al invasor y para someterla, el ejército francés la sitió, comenzando una serie de bombardeos para desgastar las defensas. Agustina, al igual que las demás mujeres y niños de la ciudad, se encontraba atendiendo a los heridos y llevando agua y comida a los artilleros de un cañón situado en la Puerta del Portillo, cuando una granada lanzada desde una avanzada de un destacamento de soldados franceses estalló junto al cañón, dejando a todos los artilleros muertos o malheridos. Al quedar la posición defensora neutralizada, los franceses se abalanzaron inmediatamente, confiados en conseguir romper el cerco y entrar en la ciudad. Fue entonces cuando apareció Agustina, que a trompicones entre muertos y heridos, cogió el botafuego (el mecanismo empleado para encender la mecha del cañón) y logró disparar el cañón a tiempo sobre la columna francesa, causando gran cantidad de heridos y muertos, evitando in extremis, la invasión de la ciudad.

Agustina de Aragón pintada por Augusto Ferrer Dalmau

La valiente acción de Agustina sirvió para subir la moral a los defensores de la ciudad. El heroico gesto de Agustina llegó a oídos del general español Palafox, quien se encontraba al frente de la defensa de Zaragoza y por ello la condecoró con el título de Artillera y sueldo de seis reales diarios. Agustina continuó luchando en la defensa en aquel cañón y en otros ubicados por toda la ciudad. Y lo hizo tan bravamente que el general Palafox la condecoró en tres ocasiones más; con dos escudos de honor con el lema Defensora de Zaragoza Recompensa del valor y patriotismo y con la cinta de honor.

Por desgracia, el sitio del ejercito francés (el más poderoso en aquel momento) continuo varios meses más y la población de Zaragoza fue desangrándose poco a poco durante aquella heroica defensa. Una epidemia de peste brotó en Zaragoza y aquello terminó de mermar a la población, que extenuada por tan largo asedio, se vio forzada a rendirse el 23 de febrero de 1808. Cuando las franceses entraron en la ciudad, apresaron a todos los combatientes de la ciudad, Agustina inclusive, que tuvo que cargar con su hijo de 5 años, camino a una prisión en Francia.

Por el camino a la deportación a Francia, el hijo de Agustina murió de hambre, cansancio y enfermedad debido al mal trato que los franceses dieron a los prisioneros. Pero una vez más, nuestra heroína dio muestras de su valentía y consiguió escapar en Puente la Reina (Navarra) y consiguió llegar a Teruel, ciudad que estaba liberada de franceses. Allí, la Junta provincial que gobernaba en nombre del rey de España (preso en Francia), le entregó un pasaporte militar y fue enviada a Sevilla. En Sevilla se encontraba la Junta Suprema Central del Gobierno de España y en la capital andaluza le fue concedido el grado de subteniente de artillería del ejército español.

Por su hoja de servicios se sabe que estuvo combatiendo una vez más a los franceses en Tortosa (Tarragona) y en cuya defensa destacó una vez más. Por desgracia, aquí también tuvo que rendirse la ciudad el 2 de enero de 1811 y una vez más Agustina fue hecha prisionera, siendo enviada esta vez de vuelta a Zaragoza. Siguiendo su hoja de servicios, vuelve a aparecer en combate frente a los franceses en Vitoria, en el año 1813. Esta vez si pudo saborear la victoria frente al invasor y de nuevo con una actuación brillante, pues fue mencionada su heroicidad ,al frente de una batería, por el general Morillo, que estuvo al mando en la batalla.

Agustina de Aragón con el uniforme de artillería y sus medallas. Obra del inglés John Everett

Terminada la guerra pudo reencontrarse con su marido y tuvieron otro hijo en 1818. Cuando el hijo tenía 5 años falleció el marido de Agustina, debido a una enfermedad, cebándose la fatalidad con ella. Al año de enviudar, Agustina se casó con un médico más joven que ella, con quien tuvo una hija. Durante muchos años la familia residió en Sevilla pero cuando la hija se casó con un militar que fue destinado a Ceuta, Agustina viajaba a la ciudad española de África para visitar a su hija. Fue en uno de estos viajes cuando Agustina falleció de una bronconeumonía en mayo de 1857. Allí fue enterrada, hasta que en 1870 la ciudad de Zaragoza sufragó los gastos para trasladar sus restos mortales hasta la ciudad donde Agustina ganó la eternidad.

En 1908, coincidiendo con el centenario del asedio francés a Zaragoza y los actos heroicos protagonizados por Agustina de Aragón, se levantó un monumento en recuerdo de Agustina por su heroico acto durante la defensa de la ciudad. El monumento fue realizado por el prestigioso escultor Mariano Benlliure y está ubicado en la Plaza del Portillo, muy cerca de donde ocurrió el famoso suceso del cañón.

La hazaña de Agustina Zaragoza DomenechAgustina de Aragón” tuvo un gran impacto en su época y a posterior; innumerables cuadros (incluido un dibujo de Goya titulado “¡Qué Valor!“), un poema de Lord Byron y ya en el siglo XX, películas. Sin duda, una vida legendaria de una mujer nacida en Barcelona y que alcanzó el grado de Subteniente en el ejército del siglo XIX.

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