EL ASOMBRO DE TURQUÍA Y VALIENTE TOLEDANO

El duro golpe que asestó una pequeña flota española a los turcos en aguas de Chipre en el año 1616

A principios de julio del año 1616, zarpó de Nápoles (por entonces parte de España), una pequeña flota española de 5 galeones y un patache con la misión de patrullar y atacar las naves piratas turcas que constantemente ponían en peligro el comercio marítimo en el Mediterráneo. La flota española estaba compuesta por los galeones Concepción, Almiranta, Buenaventura, Carretina, San Juan Bautista y el patache Santiago. En total 191 cañones, 600 marineros y 1.000 arcabuceros. Al mando de la armada iba el capitán Francisco de Rivera, de 24 años de edad, nacido en Toledo y que debido a quedar huérfano siendo un niño, había comenzado su carrera en el mar a muy temprana edad. Aunque en aquellos tiempos no había navegación ni misión tranquilas, no sabía el joven capitán que estaba a punto de escribir un glorioso párrafo de la historia de España.

Conscientes que la isla de Chipre (por entonces en manos de los turcos) era una plataforma desde la cual el imperio otomano lanzaba sus naves contra los barcos y costas de Europa, pusieron rumbo allí. Al llegar frente al Cabo Celidonia apresaron 16 mercantes turcos y otros barcos menores. En el puerto de Famagusta se encontraron con un buque corsario inglés (ya saben, esa vieja alianza de ingleses y turcos contra España), al cual no le quedó más remedio que rendirse ante la pequeña pero imponente escuadra española de galeones y es que ya se sabe, en Hollywood escriben los guiones al revés.

Estaban en racha y con ganas. En el puerto de Las Salinas vieron 10 barcos de guerra turcos y en un rápido desembarco, destrozaron las defensas de la ciudad y quemaron los 10 barcos sin sufrir ni una baja. Obviamente, tanto ruido español por la isla no pasó desapercibido al gobernador de la isla, a quien no le quedó más remedio que pedir auxilio al sultán de turno en Estambul. Pero el bloqueo que los galeones tenían sometido a la isla dio sus frutos incluso para adelantarse a las intenciones de los otomanos y gracias a la información obtenida tras interceptar un mercante que cubría el trayecto de la isla con Estambul, los españoles se enteraron de la poderosa ayuda naval que ya había zarpado en su búsqueda. Para entonces la misión ya había sido un éxito; mercantes, capturados, 10 buques de guerra incendiados, varios puertos inutilizados y como guinda un corsario inglés… ¿Creen que la historia acabó aquí?

Lejos de amedrentarse por la inminente llegada de la flota turca, el joven capitán Francisco de Rivera decidió apartarse unos días de la costa turcochipriota y no dejar ver los galeones, con la intención de aparentar que se habían marchado y quedaron navegando cerca del Cabo Celidonia, a la espera del enemigo. En la mañana del 14 de julio divisaron la inmensa fuerza turca que el sultán había enviado; 55 galeras cargadas con 275 cañones y 12.000 hombres dispuestos a vengar la osadía de los cristianos (y para como, españoles). Francisco de Rivera ordenó se encadenasen los galeones Concepción, Almiranta, Carretina y el patache Santiago, para evitar que el enemigo y el viento los separase demasiado, dejando a los otros dos galeones, San Juan Bautista y Buenaventura en la retaguardia y libres de encadenamiento.

Combate naval. Juan de la Corte
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El primer asalto ya dejó bien claro a los otomanos que aquello no iba a ser fácil por muy superiores que fuesen sus fuerzas. Tras un día de intenso cañoneo, los turcos se retiraron al anochecer con 8 galeras a punto de hundirse y otras muchas en muy mal estado. Al día siguiente volvieron los turcos al ataque, esta vez divididos en dos grupos en vez de formación en media luna, en vista que la estrategia del día anterior no había servido. Consiguieron acercarse bastante a costa de perder muchas galeras por el buen hacer de los artilleros españoles y llegaron a situarse entre el segundo y tercero de los galeones encadenados pero el intenso fuego de los arcabuceros (sabe Dios en cuantas como está se habían visto y en cuantas otras más se verían), evitó que los musulmanes hicieran posible el abordaje. Otro anochecer teñido de rojo que ve retirarse a los turcos dejando en el camino más de 10 galeras inutilizadas con gran parte de sus tripulaciones agujereadas. Según los registros otomanos, aquella fue una noche difícil para el mando de la flota turca; habían salido escaldados en dos ocasiones, perdido numerosas galeras, hombres y todavía los galeones españoles estaban casi intactos, todos aptos para la navegación y sin grandes daños. Cuentan esos registros otomanos que tuvieron que hacer un gran esfuerzo para animar a los suyos a volver al ataque al día siguiente tras dos días de derrota… Y dice un viejo dicho español que no hay dos sin tres.

En la mañana del 16 de julio de 1.616, frente al Cabo Celidonia, en Chipre, los turcos estuvieron más cerca que los días anteriores de hundir el Concepción, el galeón más grande de aquella flotilla española y donde iba embarcado el joven capitán Francisco de Rivera pero en una enorme lección de navegación y el buen hacer de sus marinos, que colgados sobre los mástiles y el velamen del galeón y con un alarde de sincronización, hicieron una de esas maniobras navales imposibles de comprender a la gente de secano del siglo XXI, dieron la vuelta a la situación en segundos, dejando una vez más a las galeras musulmanas al fuego unísono de cañones y arcabuces españoles. Esta vez no se llegó al anochecer, a las tres de la tarde los turcos se retiraron del combate, dejando un total de 10 galeras perdidas, otras 23 seriamente dañadas y más de 3.200 muertos. Los españoles “tan solo” tuvimos 34 muertos y 93 heridos. Ahora si, con algunos problemas para la navegación en dos de los galeones que tuvieron que ser remolcados, los barcos españoles pusieron rumbo de vuelta a Sicilia.

Cuando la flota llegó a Sicilia fueron recibidos y agasajados por todo lo alto y cuando la noticia de la victoria de la Batalla del Cabo Celidonia llegó a la corte española, el rey Felipe III nombró almirante al joven Francisco de Rivera. El literato español Luis Vélez de Guevara escribió una comedia; El asombro de Turquía y valiente toledano.

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