LA PRIMERA EXPEDICIÓN CIENTÍFICA A AMÉRICA

Si, la primera expedición científica a América también fue cosa de España. La idea surgió del propio Felipe II en 1570 y para ello eligió a un médico, ornitólogo y botánico de la Corte llamado Francisco Hernández de Toledo, un prestigioso médico que ya había realizado otras expediciones científicas por la Península Ibérica y que estaba considerado como uno de los mayores expertos en plantas medicinales de su tiempo.

Francisco Hernández de Toledo (La Puebla de Montalbán, Toledo, 1514) fue nombrado Protomédico General de nuestras Indias, islas y Tierra Firme del Mar Océano y obtuvo una financiación de 60.000 ducados para llevar a cabo la expedición. Las indicaciones de Felipe II eran bien claras:

“Primeramente, que en la primera flota que destos reinos partiere para la Nueva España os embarqueis y vais a aquella tierra primero que a ninguna otra parte de las dichas Indias, porque se tiene relación que en ella hay más cantidad de plantas e yerbas y otras semillas medicinales conocidas que en otras partes.”

Felipe II a Francisco Hernández de Toledo

“Item, os habeis de informar donde quiera que llegáredes de todos los médicos, cirujanos, herbolarios e indios e otras personas curiosas en esta facultad y que os pareciere podrán entender y saber algo, y tomar relación generalmente de ellos de todas las yerbas, árboles y plantas medicinales que hubiere en la provincia donde os halláredes”.

Felipe II a Francisco Hernández de Toledo

“Otrosí os informareis qué experiencia se tiene de las cosas susodichas y del uso y facultad y cantidad que de las dichas medicinas se da y de los lugares adonde nascen y cómo se cultivan y si nascen en lugares secos o húmedos o cerca de otros árboles y plantas y si hay especies diferentes de ellas y escribireis las notas y señales”.

Felipe II a Francisco Hernández de Toledo

“De todas las cosas susodichas que pudiérades hacer experiencia y prueba la hareis … las escribireis de manera que sean bien conoscidas por el uso, facultad y temperamento dellas”.

Felipe II a Francisco Hernández de Toledo
Francisco Hernández de Toledo

En agosto de 1571 se embarcó rumbo al Nuevo Mundo, haciendo escalas temporales en Canarias, La Española (actual Republica Dominicana) y La Habana, desembarcando finalmente en febrero de 1572 en Veracruz, Nueva España, (actual México). La expedición estaba formada por geógrafos, botánicos, pintores y médicos indígenas que se incorporaron a su llegada a Nueva España.

Durante tres años la expedición recorrió América Central recolectando una importante cantidad de plantas secas y vivas, estudió la medicina local, realizó estudios arqueológicos, 24 libros sobre plantas, 1 sobre fauna, 1 de minerales y 10 de ilustraciones y dibujos, además de incontables notas escritas, algunas de ellas en lengua náhuatl. En total se describieron más de 3.000 plantas, 230 aves y más de 400 animales. Gracias a la expedición de Francisco Hernández de Toledo en Nueva España se descubrieron y trataron el cacao, la piña, el maíz, el guayaco, la zarzaparrilla, la nuez vómica, la fruta de la pasión y varias plantas alucinógenas utilizadas por los indígenas, como el peyote.

«Yo he andado casi un año cuarenta leguas a la redonda de México por diversos temples de tierras … en la cual peregrinación acabé y mejoré casi siete volúmenes de plantas pinctadas y otro de muchos linajes de animales peregeinoa, sin [contar] otros dos volúmenes que vinieron en esquizos o pinturas pequeñas»

Francisco Hernández a Felipe II

Francisco Hernández de Toledo escribió su criterio acerca de la medicina indígena de Nueva España:

“Entre los indios practican la Medicina promiscuamente hombres y mujeres, a los que llaman ticitl. Estos ni estudian la naturaleza de las enfermedadxes y sus diferencias, ni, conocida la razón de la enfermedad, de la causa o del accidente, acostumbran a recetar medicamentos, ni siguen ningún método en las enfermedades que han de curar. Son meros empíricos y solo usan para cualquiera enfermedad aquellas hierbas, minerales o partes de animales que, como pasados de mano, han recibido por algún derecho hereditario de sus mayores y eso enseñan a los que les siguen”.

De Antiquitatibus Novae Hispaniae 

Hernández estudiaba la planta primeramente en el lugar, tal y como le había indicado Felipe II y por ello, en alguna ocasión estuvo a punto de perder la vida, como al probar una planta durante un periplo por Michoacán. En aquella ocasión enfermó de cólicos y fiebres, posiblemente disentería, enfermedad que le acompañó hasta su muerte en Madrid en el año 1587. En septiembre de 1572, escribió a Felipe II

“Tengo hasta agora dibujados y pintados como tres libros de plantas peregrinas y por la mayor parte de grande importancia y virtud como V. M. verá y casi otros dos de animales terrestres y aves peregrinas ignotas a nuestro orbe y escritos lo que he podido hallar de su naturaleza y propiedades en borrador…, y este cuidado y pena pienso ha sido parte de una prolija y grave enfermedad de la que al presente, como por milagro de Dios, me he librado.”

Francisco Hernández de Toledo a Felipe II

Curioso es un remedio indígena contra la diarrea, del cual escribió:

“Apitzalpalti crenelado, o hierba partida en su borde que detiene el flujo del vientre. Su nombre, Apitzalpalti, de apizalli, diarrea y pahili, remedio. Remedio de la diarrea. Es el Apitzalpalti, una hierba de cinco palmos de largo, de raíz ramificada, hojas como de menta, flor amarillo rojiza, semillas como de malva, sabor casi nulo y naturaleza fría y salivosa. Debido a esto, las semillas o las hojas machacadas y tomadas en dosis de una onza con vino de metl o algún otro líquido astringente, contienen el flujo del vientre u otro cualquiera, de donde le viene el nombre. Se dice que en la misma dosis fortalecen el estómago y curan. Nace en las colinas de regiones cálidas o bien en las cimas áridas o desprovistas de vegetación”.

Francisco Hernández de Toledo

La expedición duro tres años, hasta 1574 pero Francisco Hernández de Toledo continuó viviendo e investigando en Nueva España hasta el año 1577. Realizaba pruebas en los hospitales, se reunía diariamente en el Hospital Real de Naturales con otros médicos, observando los efectos de las drogas medicinales sobre los enfermos de aquel hospital. En marzo de 1576 hizo un envío a Felipe II de una copia de su obra. Esta versión revisada de su manuscrito contenía 893 páginas de texto junto con 2.071 páginas de pinturas de plantas para transmitir las plantas del Nuevo Mundo a Europa.

“Entregados tengo a los oficiales reales, para que envien a V.M. con el armada que al presente está para partir, diez y seis cuerpos de libros grandes de la Historia Natural de esta tierra…  No he respondido a la carta de V.S. esperando se acabase primero la del Libro de los animales de las Indias, el cual no he dexado de las manos un solo día hasta acabarle.. No van tan limpios, ni tan limados, o tan por orden (ni ha sido posible) que no deban esperar la última mano antes que se impriman, en especial que van mezcladas muchas figuras que se pintaban como se ofrecían».

Francisco Hernández a Felipe II

Estando ya preparado para embarcar de regreso a la Península Ibérica en agosto de 1576, hubo una epidemia de cocolitztliuna enfermedad endémica de la región que provocó una gran mortandad. Hernández pospuso el regreso y decidió quedarse para atender a los enfermos y escribió un tratado de esta enfermedad. Finalmente embarcó en marzo de 1577 con 22 libros, 68 talegas de semillas y raíces y 8 barriles con árboles y hierbas medicinales americanas, que junto con los 16 volúmenes ya enviados, recogían seis años de investigación científica.

A su llegada a Madrid presentó un Memorial a Felipe II a finales de 1577 donde enumeraba los trabajos realizados y los libros concluidos: Las Antigüedades de la Nueva España, Traducción de la Historia Natural de Plinio, Historia Natural de la Nueva España, Tratado de Sesenta Purgas americanas, Plantas de Canarias, Plantas de Santo Domingo, Plantas de La Habana.

Francisco Hernández de Toledo falleció en 1587 sin llegar a organizar e imprimir su trabajo al completo, por ello, en 1615, Felipe II mandó al médico italiano Nardo Antonio Recchi recompilar el trabajo y publicó la primera edición de las extensas descripciones de sus hallazgos en una colección traducida titulada Plantas y animales de la Nueva España, y sus virtudes por Francisco Hernández, también citado como Cuatro libros de la naturaleza y virtudes de las plantas y animales que están recibidos en uso de medicina en la Nueva España publicado por Francisco Jiménez. Algunos de los manuscritos originales se encuentran en la biblioteca de El Escorial pero muchos se perdieron en el incendio de 1671. Más tarde, se encontraron varias copias de la obra de arte que tenía títulos en lengua náhuatl. Algunas de las imágenes de especies botánicas que incluyó Hernández fueron el tabaco, el mamey, el árbol del pecho, el cana de cuentas y animales como el armadillo, el coyote y el ave del paraíso.

Placa homenaje en Puebla de Montalbán (Toledo), lugar de nacimiento de Francisco Hernández
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