FRANCISCO DE GOYA

Francisco de Goya y Lucientes (Fuendetodos, Zaragoza 1746 – Burdeos, Francia 1828), está considerado como uno de los más grandes genios universales de la pintura. Un modelo romántico para los románticos; un impresionista para los impresionistas, un expresionista para los expresionistas y un precursor del surrealismo para los surrealistas. Su obra suma un total de unos quinientos óleos y pinturas murales, además de cerca de trescientos aguafuertes y litografías y centenares de dibujos, casi todos conservados en el​ madrileño Museo del Prado, aunque también hay un buen número de obras en Francia, especialmente en el Museo del Louvre.

De familia media, se cree que heredó las dotes artísticas de su padre, un artesano maestro dorador de cierto reconocimiento en Zaragoza. Allí se formó durante la infancia y adolescencia en la escuela de dibujo. Ya de joven se marchó a Italia donde vivió un par de años. Allí consiguió por primera vez una mención en el concurso de la Academia de Parma, pues en sus inicios no destacó especialmente, siendo en la madurez cuando Goya explotó su autenticó talento. De regreso a España realiza su primer trabajo, el fresco del coro de la basílica del Pilar de Zaragoza, Adoración del Nombre de Dios, de excepcional y moderna grandeza.

Instalado y casado en Madrid consigue trabajo como pintor de cartones de tapices para la Real Fábrica de Santa Bárbara con el sueldo de 8.000 reales al año. Los temas representados, elegidos por el rey, eran de caza; perros, escopetas y lugares de campo. De esta serie el más famoso es Perros en traílla fechado en 1775.

En la siguiente etapa pictórica, Goya elige libremente los temas para decorar el comedor de los príncipes de Asturias de El Escorial. En esta ocasión se decanta por temas populares, pintando bellas escenas de la vida popular madrileña, como Baile a orillas del Manzanares y El quitasol, con tipos populares caracterizados con perfección magistral, y divertidas historias cargadas de contenido satírico y moralizante, enlazando con la corriente popular favorecida por la Ilustración.

El quitasol

El siguiente encargó que recibió fue para decorar el dormitorio de los príncipes de Asturias, en El Pardo. De estas destacan El cacharrero y El ciego de la guitarra.

El cacharrero

En 1780, a la edad de 34 años consigue ingresar como miembro en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, gracias a su cuadro Cristo en la cruz. Al año siguiente de ser reconocido sufre un golpe moral, pues su fresco para la cúpula en el Pilar fue rechazada por la Junta de la basílica a causa de la incorrección de la figura de la Caridad y la oscuridad general del colorido. Esto afectó emocionalmente bastante a Goya, que dejó de pintar durante un tiempo, hasta que recobró el orgullo y el reconocimiento gracias a un encargo del ministro de Estado, uno de los cuadros para la basílica de San Francisco el Grande (Madrid), La Predicación de San Bernardino de Siena.

A partir de este momento comienza la época retratista de Goya que le reportará grandes éxitos artísticos y personales. Importantes personajes de la época serán retratados por Goya; el conde de Floridablanca, el infante Luis de Borbón, Melchor Gaspar de Jovellanos, Cea Bermúdez… Todos estos retratos le sirvieron para ganar un gran reconocimiento y escalar posiciones en la vida personal, consiguiendo ser nombrado pintor del rey (Carlos III) con un sueldo de 15.000 reales anuales.

Los trabajos para la Real Fábrica de Tapices para decorar estancias reales retornaron y en esta fase realizó La pradera de San Isidro y La gallina ciega

La gallina ciega
La pradera de San Isidro

La salud del maestro comenzó a deteriorarse en 1790, a los 54 años, sufriendo temblores y mareos. No se conoce a ciencia cierta la enfermedad que acompañaría hasta su muerte a Goya. Se cree pudiera ser Saturnismo, una enfermedad muy habitual en la época, debido a la entrada en sangre del plomo utilizado por las escopetas en la caza y la posterior ingesta del animal. Se ha dicho también que estudios modernos encuentran similitudes entre los síntomas que sufrió Goya y los de una enfermedad rara, entonces desconocida, identificada como síndrome de Susac  y que, en 1794, recibió tratamiento de electroterapia para tratar de mejorar los síntomas de su sordera, pero el tratamiento fracasó.​ Otras fuentes apuntan a que pudo ser sífilis. De estos años destaca una obra; El pelele

El pelele

Es a raíz de la convalecencia por su enfermedad cuando Goya se siente libre de encargos para dar rienda suelta a su imaginación y fruto de esa libertad comienza a inspirarse en escenas cotidianas. Son un conjunto de obras de pequeño formato, entre los que se encuentran ejemplos evidentes de lo «sublime terrible» como Corral de locosEl naufragioEl incendio, fuego de nocheAsalto de ladrones o Interior de prisión. Sus temas son ya truculentos y la técnica pictórica es abocetada y plena de contrastes lumínicos y dinamismo. Estas obritas, realizadas sobre hojalata, pueden considerarse uno de los hitos que suponen el inicio de la pintura romántica. Este conjunto de obras en planchas de hojalata se completa con Cómicos ambulantes, una representación de una compañía de actores. Aparece en estos personajes ridículos la caricatura y la representación de lo grotesco, en uno de los más claros precedentes de lo que sería habitual en sus estampas satíricas posteriores: rostros deformados, personajes fantoches y exageración de los rasgos físicos.

Cómicos ambulantes

A partir de 1794 Goya reanudó sus retratos de la nobleza madrileña y otros destacados personajes de la sociedad de su época que ahora incluirían, como primer pintor de cámara, representaciones de la familia real. Su técnica había evolucionado y ahora se observa cómo el pintor aragonés precisa los rasgos psicológicos del rostro de los personajes y utiliza para los tejidos una técnica ilusionista a partir de manchas de pintura que le permiten reproducir a cierta distancia bordados en oro y plata y telas de diverso tipo. Acudía al palacio de los duques de Alba en Madrid para hacer el retrato de ambos. Tras la muerte del duque pasó largas temporadas con la reciente viuda en su finca de Sanlúcar de Barrameda. La hipotética relación amorosa entre ellos ha generado abundante literatura apoyada en indicios no concluyentes. Se ha debatido extensamente el sentido de un fragmento de una de las cartas de Goya a Martín Zapater, en la que con su peculiar grafía escribe:

«Mas te valía venir á ayudar a pintar a la de Alba, que ayer se me metió en el estudio a que le pintase la cara, y se salió con ello; por cierto que me gusta mas que pintar en lienzo, que también la he de retratar de cuerpo entero»​

Carta de Goya a un amigo. 2 de agosto de 1794

De ese periodo es La maja desnuda

La Maja desnuda

En 1799 Goya desarrolla la técnica del grabado y finaliza una serie de ellos a los que llama Los Caprichos. En su anuncio del 6 de febrero de 1799, el Diario de Madrid se puede leer:

Colección de estampas de asuntos caprichosos, inventadas y grabadas al agua fuerte, por Don Francisco Goya. Persuadido el autor de que la censura de los errores y vicios humanos (aunque parece peculiar de la elocuencia y la poesía), puede ser también objeto de la pintura: ha escogido como asuntos proporcionados para su obra, entre la multitud de extravagancias y desaciertos que son comunes en toda sociedad civil, y entre las preocupaciones y embustes vulgares, autorizados por la costumbre, la ignorancia o el interés, aquellos que ha creído más aptos a suministrar materia para el ridículo, y ejercitar al mismo tiempo la fantasía del artífice.

Diario de Madrid 6/2/1799

Son la primera realización española de una serie de estampas caricaturescas, al modo de las que había en Inglaterra y Francia, pero con una gran calidad en el manejo de las técnicas del aguafuerte y el aguatinta y una innovadora originalidad temática. Son un total de ochenta grabados, en planchas al aguafuerte reforzadas con aguatinta. El aguafuerte era la técnica habitual de los pintores-grabadores en el siglo XVIII, pero la combinación con el aguatinta le permitió crear superficies de matizadas sombras, gracias al uso de resinas de distinta textura, con las que obtuvo una gradación en la escala de grises que le permitió crear una iluminación dramática e inquietante. Con estos “Caprichos” trata difundir la ideología de la corriente de la Ilustración, que incluía un anticlericalismo más o menos explícito.​ La temática se centra principalmente en la brujería y la prostitución, así como el anticlericalismo, las críticas a la Inquisición, la denuncia de las injusticias sociales, de la superstición, de la incultura, los matrimonios por interés y otro tipo de vicios, así como alusiones a la medicina y el arte.

Los caprichos inauguró una senda en la que Goya profundizó en sus pensamientos y sentimientos más íntimos y en la que reflexionó sobre todos los aspectos sociales y culturales de su tiempo. Su temática satírica, con gusto por lo macabro, lo grotesco, lo demoníaco, es la antítesis del clasicismo imperante en su época, pero a la vez su complemento, ya que hace aflorar la hipocresía inherente a la moral de su tiempo. Es una visión que preludia el romanticismo, pero un romanticismo alejado de la vía oficial.

El grabado más emblemático de los Caprichos es El sueño de la razón produce monstruos. Se representa al propio autor soñando, y aparece en ese mundo onírico una visión de pesadilla, con su propia cara repetida junto a cascos de caballos, cabezas fantasmales y murciélagos. En la estampa queda la leyenda en el frontal de la mesa donde se apoya el hombre vencido por el sueño que entra en el mundo de los monstruos una vez apagado el mundo de las luces.

El sueño de la razón produce monstruos

Antes de que finalizara el siglo, Goya pintó tres series de cuadros de pequeño formato que insisten en el misterio, la brujería, la noche e incluso la crueldad. Es difícil dilucidar si estos lienzos sobre temas de brujos y brujas tienen intención satírica, como ridiculización de falsas supersticiones, en la línea de las declaradas al frente de Los caprichos y el ideario ilustrado, o por el contrario responden al propósito de transmitir emociones inquietantes, producto de los maleficios, hechizos y ambiente lúgubre y terrorífico que será propio de etapas posteriores. De esta serie destaca, sin dudas, El Aquelarre

El aquelarre

Pese a sentirse atraído por la corriente de la Ilustración y sus ideas anticlericales, Goya aceptó el encargo de varias obras religiosas, entre las que se encuentran los frescos de la cúpula de la Ermita de San Antonio de la Florida en Madrid, lugar donde se encuentra enterrado el ilustre maestro de la pintura.

Frescos Ermita San Antonio de la Florida

La invasión francesa y la consiguiente guerra en España, alimentaron la creatividad de Goya que dejó para la posteridad su famoso El tres de mayo de 1808 en Madrid conocido popularmente como Los fusilamientos del dos de mayo. Establece apreciables diferencias con respecto a lo que era habitual en los grandes cuadros de este género. Renuncia en ellos a que el protagonista sea un héroe: En Goya el protagonista es el colectivo anónimo. Se ha señalado el contraste entre el grupo de detenidos prontos a ser ejecutados, personalizados e iluminados por el gran farol, con un protagonista destacado que alza en cruz los brazos y viste de radiante blanco y amarillo, e iconográficamente remite a Cristo y el pelotón de fusilamiento anónimo, convertido en una deshumanizada máquina de guerra ejecutora donde los individuos no existen.

La noche, el dramatismo sin ambages, la realidad de la masacre, están situados también en una escala grandiosa. Además el muerto en escorzo en primer término, que repite los brazos en cruz del protagonista, dibuja una línea compositiva que comunica hacia el exterior del cuadro con el espectador, que de nuevo se siente implicado en la escena. La noche cerrada, herencia de la estética de «lo sublime terrible», da el tono lúgubre al suceso, en el que no hay héroes, solo víctimas: unos de la represión y otros de la formación soldadesca. La elección de la noche es un factor claramente simbólico, ya que se relaciona con la muerte, hecho acentuado con la apariencia cristológica del personaje con los brazos en alto.​

Los fusilamientos del tres de mayo de 1808

En Los fusilamientos no se produce el distanciamiento, el énfasis en el valor del honor, ni se enmarca en una interpretación histórica que aleje al espectador de lo que ve: la brutal injusticia de la muerte de unos hombres a manos de otros. Se trata de uno de los cuadros más valorados e influyentes de toda la obra de Goya y refleja como ninguno el punto de vista moderno hacia el entendimiento de lo que supone todo enfrentamiento armado. La intención de Goya era:

… perpetuar por medio del pincel las más notables y heroicas acciones o escenas de nuestra gloriosa insurrección contra el tirano de Europa.

Francisco de Goya

Durante la guerra Goya retrató a militares de uno y otro bando aunque nosotros nos quedamos con el retrato que hizo al líder guerrillero Juan Martín el Empecinado

Juan Martín, el Empecinado

Otro cuadro inspirado en la guerrilla española que pese a no ser muy popular queremos mostrar por su interés, es Fabricación de la pólvora en la Sierra de Tardienta

Fabricación de la pólvora en la Sierra de Tardienta

Los desastres de la guerra es una serie de 82 grabados realizada entre los años 1810 y 1815, en la que se da cuenta de toda clase de desgracias vinculadas a la guerra. La serie suele dividirse en dos partes. Así, las primeras estampas serían alusivas a la guerra y los efectos del hambre en Madrid, mientras que los «caprichos enfáticos» —que comienzan en la estampa n.º 65— tendrían un significado más político, en el que se critica el absolutismo y la Iglesia. La técnica utilizada es el aguafuerte, con alguna aportación de punta seca y aguada. Apenas usa Goya el aguatinta, debido probablemente también a la precariedad de medios materiales con que contaba el artista para toda la serie de los Desastres, ejecutada en tiempos de guerra. Goya no disponía de planchas en buen estado, por lo que tuvo que partir algunas ya utilizadas en series anteriores para reutilizarlas.​

Goya no ahorra nada de patetismo y crueldad, su visión es la contrapuesta a la guerra heroica que muestran los artistas franceses que relatan las campañas napoleónicas y reproduce con detalle todo tipo de ejecuciones (fusilamiento, empalamiento, descuartizamiento, garrote, horca, apaleamiento) con toda crudeza y detallismo, sin ningún atisbo de dignidad humana.​ Un ejemplo del atrevimiento compositivo y formal a que Goya llega en sus grabados lo puede proporcionar la estampa n.º 30, titulada Estragos de la guerra, por el caos compositivo, la mutilación de los cuerpos, la fragmentación de objetos y enseres situados en cualquier lugar del grabado, la mano cortada de uno de los cadáveres, la desmembración de sus cuerpos y la figura del niño muerto con la cabeza invertida.

En relación a estos temas se podrían situar varias escenas de violencia extrema. Se trata de escenas en las que se presencian violaciones, asesinatos a sangre fría y a bocajarro o escenas de canibalismo: Bandidos fusilando a sus prisionerasBandido desnudando a una mujerBandido asesinando a una mujerCaníbales preparando a sus víctimas y Caníbales contemplando restos humanos. ​En todos ellos aparecen horribles crímenes perpetrados en cuevas oscuras, que en muchos casos contrastan con la luz cegadora de la boca de luz blanca radiante, que podría simbolizar el anhelado espacio de la libertad. El paisaje es inhóspito, desértico. Los interiores indefinidos no se sabe si son salas de hospicios o manicomios, sótanos o cuevas, y tampoco está clara la anécdota —enfermedades contagiosas, latrocinios, asesinatos o estupros a mujeres, sin que se sepa si son consecuencias de una guerra— o la naturaleza de los personajes. Lo cierto es que viven marginados de la sociedad o que están indefensos ante las vejaciones.

Caníbales contemplando restos humanos

Tras la derrota napoleónica y la restauración en España de la monarquía de Fernando VII, Goya se tuvo que tragar sus ideas afrancesadas. Casi todos sus amigos marcharon al exilio en Francia y el propio Goya fue primero defenestrado y posteriormente investigado. Primero por la Inquisición por su cuadro La maja desnuda y después por el funcionariado. Para su suerte quedó absuelto por la Inquisición y exonerado por el funcionariado, pues se concluyó que durante el periodo de la invasión francesa, aunque había prometido lealtad a Pepe Botella, no había cobrado sus pagas y su economía había quedado gravemente perjudicada. También se dictaminó que se trataba de “un viejo sordo que vivía encerrado en su casa” .

Goya continuó con su labor como pintor de cámara y realizó varios retratos de Fernando VII y otros encargos de motivos religiosos para la catedral de Sevilla , entre otros. En 1816 fue sustituido como pintor de la Corte aunque con la economía ya recuperada, se instaló un par de años después en una finca, llamada “La Quinta del Sordo”, en los entonces alrededores de Madrid. Liberado una vez más de los encargos, se centró en una nueva serie de grabados, esta vez de temática taurina. También siguió pintando escenas populares cotidianas, siendo El entierro de la sardina su obra más conocida de esta etapa.

Los zancos

En su vejez, el anciano maestro volvió a destapar el tarro de las esencias innovando en la pintura una vez más. Es su etapa conocida como Pinturas Negras, una serie de catorce obras murales que pintó entre 1819 y 1823 con la técnica de óleo al secco sobre la superficie de revoco de la pared de la Quinta del Sordo. Estos cuadros suponen, posiblemente, la obra cumbre de Goya, tanto por su modernidad como por la fuerza de su expresión. Una pintura como Perro semihundido se acerca incluso a la abstracción; muchas otras son precursoras del expresionismo pictórico y otras vanguardias del siglo XX.

Perro hundido

Las últimas grandes obras de Goya en vida y realizadas en la Quinta del sordo fueron Saturno devorando a su hijo y Duelo a garrotazos, esta última todo un icono, muy representativa de la idiosincrasia española, tan dada a actuar de manera cainita entre hermanos de un mismo pueblo.

Saturno devorando a su hijo
Duelo a garrotazos

En mayo de 1823 España volvió a sufrir una nueva invasión francesa, esta vez a cuenta de los llamados Cien Mil Hijos de San Luis, con la misión de reponer en el trono (por segunda vez) a Fernando VII. Temiendo que esta vez fuese represaliado, legó la Quinta del Sordo y se exilió en Francia, concretamente en Burdeos, en casa de un amigo. Volvió temporalmente en 1826 para reclamar su jubilación, a lo que Fernando VII no se negó, se le pagaron 50.000 reales y se volvió a Burdeos. Durante esa estancia en Madrid fue retratado por Vicente López, su sucesor en el puesto de pintor del rey y que constituye el retrato más famoso del maestro Goya.

El pintor Francisco de Goya. Por Vicente López

El 16 de abril de 1828 la luz del genial pintor se apagó, aunque aquella que supo plasmar de manera tan magistral en sus cuadros y dibujos, sigue brillando para la eternidad.

Aún aprendo

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