AEROSTACIÓN ESPAÑOLA
La creación del Centro de Ensayos de Aerostación en 1904 fue la culminación de un esfuerzo científico y militar por dominar el cielo. En una época donde las potencias europeas competían por la supremacía del aire, España logró destacar gracias a una combinación única de visión estratégica militar y el genio de ingenieros como Leonardo Torres Quevedo.
A finales del siglo XIX, la aerostación (vuelo con globos aerostáticos) ya era una realidad en el Ejército Español. El Servicio de Aerostación había sido creado en 1884 bajo el mando del Coronel Pedro Vives y Vich. Sin embargo, los globos tenían limitaciones obvias: dependían totalmente de las corrientes de aire.
El gran reto era la dirigibilidad. En este escenario, el Ministerio de la Guerra comprendió que se necesitaba una instalación dedicada exclusivamente a la experimentación técnica y científica. Así, en enero de 1904, se formaliza la creación del Centro de Ensayos de Aerostación en el polígono de «La Llanilla», en Guadalajara.
La elección de Guadalajara no fue al azar. La ciudad ofrecía unas condiciones climáticas ideales por sus vientos moderados y cielos despejados. Su proximidad a Madrid permitía una comunicación fluida con el Gobierno y la Academia de Ingenieros. Y aquellos terrenos amplios permitían maniobrar globos y construir hangares de dimensiones masivas. Bajo la dirección de Pedro Vives, el centro se convirtió en un hervidero de innovación donde convivían militares, científicos y mecánicos.
El hito más importante del Centro fue su relación con el ingeniero cántabro Leonardo Torres Quevedo. En 1902, Torres Quevedo había presentado en las Academias de Ciencias de Madrid y París un nuevo sistema para globos dirigibles que resolvía el problema de la rigidez de la estructura.
Fue en este centro donde Leonardo Torres Quevedo comenzó a desarrollar el Telekino, un novedoso aparato capaz de realizar un control remoto mediante ondas de radio.

A diferencia de los dirigibles rígidos alemanes (tipo Zeppelin) o los flexibles franceses, el diseño de Torres Quevedo era autorrígido. Utilizaba una estructura interior de cables tensados por la propia presión del gas. Esto permitía que el dirigible mantuviera su forma sin necesidad de una pesada armadura metálica exterior. Además, era más ligero, seguro y fácil de transportar.
El Centro de Ensayos de Guadalajara fue el lugar donde estas teorías se convirtieron en lona y motor. El primer gran éxito fue el dirigible «España». Tras varias pruebas fallidas y ajustes constantes en los talleres de Guadalajara, este dirigible demostró una estabilidad asombrosa. Posteriormente, la patente de Torres Quevedo fue adquirida por la empresa francesa Astra, dando lugar a los dirigibles Astra-Torres, que fueron utilizados masivamente por las potencias aliadas durante la Primera Guerra Mundial para la vigilancia submarina debido a su gran autonomía y seguridad.

El Centro no solo volaba; estudiaba el aire. Se realizaron sondeos atmosféricos mediante el uso de globos sonda para medir presión, temperatura y humedad a distintas altitudes.
La fotografía aérea desarrolló un papel muy importante, siendo pioneros en el desarrollo de cámaras y técnicas de revelado para la cartografía militar desde el aire.
También se hicieron ensayos de materiales; pruebas de resistencia de tejidos de seda, barnices impermeabilizantes y aleaciones ligeras para las barquillas.
Guadalajara fue la escuela de los primeros aeronautas españoles. Nombres como Alfredo Kindelán, Emilio Herrera y Mariano Barberán se formaron aquí. En 1905, el Centro tuvo un papel destacado en la organización de la Copa Gordon Bennett, la competición de globos más prestigiosa del mundo, situando a España en el mapa de la élite aeronáutica.
A partir de 1910, el Centro de Ensayos comenzó a notar que el futuro residía en las alas rígidas. Aunque la aerostación seguía siendo útil, el empuje de los motores y la aerodinámica de los aeroplanos empezaron a ganar terreno, por lo que se decidió crear el primer curso de pilotos de aeroplano.
Fue en este Centro donde se gestaron las bases de lo que hoy es el INTA (Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial). La mentalidad de «ensayo y error» científico establecida en 1904 permitió que España no fuera una mera espectadora, sino una creadora de tecnología.
«En Guadalajara no se volaba por deporte; se volaba para medir, para calcular y para demostrar que el ingenio humano podía vencer a la gravedad con precisión matemática.»
El Centro de Ensayos de Aerostación fue el motor que sacó a España de un siglo XIX estancado y la proyectó hacia la modernidad. Gracias a la visión de Vives y el genio de Torres Quevedo, en el cielo de Guadalajara se unieron el estamento militar y la investigación civil para un fin tecnológico común, y de cómo una nación inmensa en talento, lograba liderar la conquista del aire.


