EL TELÉGRAFO SIN HILOS DE JULIO CERVERA
Julio Cervera Baviera (1866-1927) ha permanecido durante décadas en la penumbra de la historia de la ciencia, eclipsado por figuras de la talla de Marconi o Tesla. Sin embargo, las investigaciones del siglo XXI han comenzado a hacer justicia a este comandante e ingeniero español, pionero que en la transmisión de la voz humana se adelantó a sus contemporáneos.
Para entender el impulso de Cervera, debemos situarnos en la España de finales del siglo XIX. Tras el «Desastre del 98» (la pérdida de las últimas colonias en Cuba, Puerto Rico y Filipinas), el ejército español tomó conciencia de la importante debilidad que suponía la falta de sistemas de comunicación eficientes y seguros. Los cables submarinos eran vulnerables y costosos, además de estar controlados por potencias extranjeras como Gran Bretaña.
Julio Cervera, un hombre de formación militar y técnica (estudió Ciencias Físicas y Naturales), vio en las ondas herzianas la solución a esta carencia estratégica. Su objetivo era la creación de un sistema robusto, práctico y nacional de comunicación.

En 1899, Cervera fue enviado por el Ministerio de la Guerra a Londres para estudiar los avances de Marconi, quien ya gozaba de fama internacional. Durante varios meses, Cervera trabajó estrechamente con Marconi y su equipo en el canal de la Mancha.
Sin embargo, Cervera detectó rápidamente las limitaciones del sistema del italiano. El receptor de Marconi era caprichoso y fallaba con frecuencia, las señales se mezclaban fácilmente, lo que impedía la privacidad y lo más importante de todo; Marconi se limitaba al Código Morse, basado en puntos y rayas, pero, Cervera soñaba con la palabra hablada.
A su regreso a España, Cervera desarrolló sus propias patentes, introduciendo mejoras que hacían el sistema mucho más estable y, crucialmente, capaz de transmitir audio. Su sistema introdujo tres elementos revolucionarios que lo distinguieron de sus competidores mundiales:
El Sistema de Sintonización (Multiplexación). Cervera fue uno de los primeros en comprender que para que la radio fuera útil, diferentes estaciones debían poder emitir simultáneamente sin interferirse. Sus patentes de 1900 ya contemplaban mecanismos de sintonía fina, algo que Marconi solo perfeccionaría más tarde.
El Cohesor de Carbón y el «Telemando». Cervera sustituyó el cohesor de limaduras metálicas de Marconi por uno basado en granos de carbón, mucho más sensible y estable. Esto le permitió desarrollar el primer sistema de telemando a distancia. En 1902, demostró que podía accionar un interruptor o una bombilla a kilómetros de distancia mediante ondas de radio, sentando las bases de lo que hoy es el control remoto.
La Radiotelefonía (Transmisión de Voz). Mientras Marconi seguía centrado en el telégrafo (Morse), las patentes de Cervera de 1901 y 1902 describen explícitamente la transmisión de la voz humana. Cervera entendió que si podía modular la intensidad de la chispa mediante un micrófono, la onda portadora podría llevar información sonora. Esto lo sitúa como el verdadero inventor de la radio tal como la conocemos hoy (emisión de audio), años antes que Lee de Forest o Reginald Fessenden.

Durante el primer cuatrimestre de 1901realizó pruebas de corto alcance en el aeródromo de Cuatro Vientos y entre otros puntos de Madrid para asegurar que sus equipos pueden transmitir sonido, no solo impulsos eléctricos. Mientras Marconi construía un telégrafo sin cables, Cervera estaba construyendo un teléfono sin cables.
El éxito práctico de Cervera culminó en 1902. Con el apoyo del Estado, estableció la primera red de telegrafía sin hilos estable del mundo entre la península y las Islas Baleares. Elige estratégicamente el triángulo Alicante-Jávea-Ibiza. La curvatura de la tierra y la distancia (unos 85-90 km) eran el reto perfecto para demostrar que su sistema superaba al cable submarino. Instaló estaciones en el Castillo de Santa Bárbara (Alicante), el Cabo de la Nao (Jávea) y en San Antonio (Ibiza).
Durante las primeras pruebas de ajuste, Cervera detectó que la humedad marina y la salinidad afectan a los componentes, por lo que rediseñó los aisladores de las antenas, consiguiendo que finalmente, ambas se convirtieran en aliadas.
En febrero de 1902, Cervera conectó el micrófono a su transmisor y logró que su voz fuese escuchada al otro lado del mar. Ya no son pruebas aisladas; son comunicaciones diarias para ajustar la sintonía. Ante las autoridades militares y científicas, demostró que podía transmitir hasta 20 palabras por minuto con una claridad pasmosa.
Logró comunicaciones constantes a lo largo de 85 kilómetros sobre el mar, una distancia considerable para la época. A diferencia de los experimentos de Marconi, que solían ser demostraciones privadas o para la armada, Cervera diseñó su red para el servicio público, permitiendo el envío de mensajes civiles. Se estableció el servicio regular de telegrafía sin hilos entre Alicante e Ibiza. Es, de facto, la primera línea comercial inalámbrica del mundo.
Las pruebas de 1902 entre Alicante e Ibiza fueron las primeras en la historia en las que se transmitió voz humana de forma inalámbrica de manera exitosa y documentada, adelantándose en cuatro años a la famosa transmisión de Nochebuena de Fessenden en EE. UU. (1906).
Pero ahí no terminaba el éxito de Cervera. Ese mismo año, en julio, realiza pruebas de telemando, logrando activar mecanismos en la estación de Jávea desde Alicante mediante ondas herzianas, demostrando que la radio sirve para mucho más que hablar, también sirve para controlar máquinas a distancia.
Si Cervera era tan avanzado, ¿por qué no es el nombre que aparece en los libros de texto internacionales? La respuesta es una mezcla de factores políticos, económicos y personales. Mientras Marconi tuvo el respaldo financiero de Londres y presionó legalmente en toda Europa, reclamando la exclusividad de las patentes de telegrafía sin hilos. Marconi fue un genio de las relaciones públicas. Cervera, tenía un carácter más taciturno, se metió en política (y hay quienes afirman que también en la masonería), confiando en conseguir subvenciones, en vez de buscar dinero privado para su proyecto, como estaba haciendo Marconi. Aunque el sistema de Cervera era técnicamente diferente (y superior en la transmisión de voz), la falta de músculo financiero le hizo perder la batalla legal internacional.
En 1910, la recién creada Compañía Nacional de Telegrafía sin Hilos se instaló en España, bajo control británico y patentes de Marconi, y quien sabe sí también mediante corrupción institucional.
Cuando Julio Cervera comprendió que el gobierno español no iba a darle el respaldo financiero necesario para competir con el imperio comercial de Marconi, tomó una decisión inusual casi tan influyente como su invento; en lugar de luchar contra la burocracia, decidió fabricar a los ingenieros del futuro.
Fundó la Institución Electrotécnica de Valencia, que fue pionera mundial en la enseñanza por correspondencia. Cervera enviaba los manuales y materiales por correo a alumnos de toda España e Hispanoamérica. Escribió decenas de manuales que durante 30 años fueron la biblia de la electricidad y la radio en el mundo hispanohablante. Además, recibían kits para montar sus propios circuitos. Cervera quería que sus estudiantes «se mancharan las manos».

Gracias a su escuela, miles de personas que no podían permitirse ir a una universidad, se convirtieron en técnicos e ingenieros. Cuando la radio comercial llegó a España en los años 20, gracias a él, ya había una base de técnicos capacitados para operar los equipos.
Julio Cervera murió en 1927, justo cuando la radio se convertía en el medio de comunicación de masas que él había predicho 25 años antes. Posiblemente su olvido se debe a que fue un hombre independiente. Demasiado científico para los militares, demasiado militar para los políticos y demasiado honrado para todos.
Hoy, gracias a historiadores de la ciencia, se ha documentado que Cervera fue un innovador independiente. Su sistema de telegrafía sin hilos fue el primero en funcionar de manera regular y comercial para el público, y sus patentes sobre la transmisión de la voz le otorgan el título legítimo de inventor de la radiotelefonía.


