ARTE

EL AUTO DE LOS REYES MAGOS

Toledo año 1150; el humo del incienso y la luz temblorosa de las velas llenan las naves de su imponente catedral. No existen los teatros tal como los conocemos hoy, pero entre esos muros de piedra, algo revolucionario está a punto de suceder. Comienza la representación del Auto de los Reyes Magos.

El Auto de los Reyes Magos es la primera obra teatral escrita en lengua castellana. Escrito aproximadamente en el año 1150, este fragmento dramático oculto durante siglos en los márgenes de un códice bíblico de la Catedral de Toledo, nos revela el eslabón perdido entre la liturgia religiosa y el espectáculo teatral.

El texto fue descubierto en el siglo XVIII, pero no fue hasta que Ramón Menéndez Pidal lo estudió a fondo que se le dio la importancia que merecía. El manuscrito no se presenta como un texto dramático moderno (con nombres de personajes al margen), sino que los versos están escritos de corrido, como si fueran prosa, aprovechando los espacios en blanco de un códice que contenía comentarios bíblicos.

La obra es un fragmento, lo que significa que el final se ha perdido. Sin embargo, lo que conservamos es una estructura perfectamente organizada en cinco escenas.

La obra comienza de forma innovadora para su época. No hay un narrador; los personajes se presentan a través de la acción. Melchor, Gaspar y Baltasar aparecen por separado. Cada uno observa una estrella brillante y desconocida en el firmamento. Sus monólogos reflejan la duda intelectual. No son simples figuras de cartón piedra; son sabios que cuestionan lo que ven. Se preguntan si esa estrella significa realmente el nacimiento del «Creador de todo el mundo». Es importante notar que en este texto aún no se define claramente quién es el rey blanco, el negro o el pardo; esa es una tradición posterior. Aquí son, ante todo, astrónomos.

[Caspar, solo]

¡Dios criador, qual maravila!

no sé cual es achesta strela

agora primas la he veída

poco tiempo ha que es nascida

Nacido es el Criador

Que es de la(s) gente señor.

Non es verdad, non sé qué digo

Todo esto non vale un figo

Otra nocte me lo cataré (miraré)

Si es vertad, bine lo sabré.

La Adoración de Los Reyes Magos. Año 1240

Los tres reyes se encuentran en el camino. Al compartir sus observaciones, la duda individual se convierte en certeza colectiva. Deciden viajar juntos para comprobar el prodigio. Acuerdan una «prueba» para saber si el niño es un rey terrenal o el Rey de los Cielos. Utilizarán tres ofrendas: oro, mirra e incienso. Si el niño elige el oro, es un rey de la tierra; si elige la mirra, es un hombre mortal; si elige el incienso, es el Rey Celestial.

«Si fuese rey de terra , el oro querrá

si fure omne mortal, la mir[r]a tomará

si rei celestial, estos dos dexará

tomará el encenso quel[e] pertenecerá»

Los Magos llegan a la corte de Herodes en Jerusalén. Este es uno de los momentos de mayor tensión dramática. Los Magos le preguntan por el «nacido Rey de los Judíos». Herodes, aunque interiormente se siente amenazado, finge cortesía y les pide que, cuando lo encuentren, vuelvan para avisarle y así él también pueda adorarlo.

Una vez que los Magos se marchan, la máscara de Herodes cae. Cargado de ira y temor, el rey expresa su angustia: «¿Quién es este que osa disputarme el trono?». Teme perder su poder y su legado. Esta escena es crucial porque dota a Herodes de una dimensión humana (aunque malvada), alejándolo de las representaciones puramente simbólicas.

Herodes convoca a sus sabios y rabinos para que investiguen en las Escrituras si lo que dicen los Magos es cierto. La obra termina (o se interrumpe) con una disputa entre los sabios. Uno de ellos acusa a los otros de mentir o de no conocer la verdad, mientras Herodes espera una respuesta que nunca llega a leerse en el manuscrito conservado.

A pesar de su brevedad, el autor (anónimo) logra caracterizar muy bien a los protagonistas. Los Reyes Magos representan la búsqueda de la verdad a través de la ciencia (astrología) y la fe. Herodes representa el poder ciego y ambicioso, que se siente amenazado por lo espiritual. Su lenguaje es más agresivo y terrenal. Los Rabinos representan el conocimiento formal que, paradójicamente, no puede ver la verdad que los Magos han encontrado en el cielo. Su disputa final aporta un toque de realismo y sátira social.

El «Auto» es un tesoro para los filólogos por varias razones:

Polimetría: Aunque predominan los versos de nueve sílabas (eneasílabos) y de siete (heptasílabos), hay una gran libertad métrica. Esto indica que el teatro primitivo español no estaba atado a las reglas rígidas que vendrían siglos después.

Rima: Utiliza rimas consonantes y asonantes, a veces en pareados.

Lenguaje Transicional: El texto muestra un castellano primitivo con muchos trazos en latín, pero que ya tiene la fuerza del romance. Por ejemplo, el uso de términos para referirse a la estrella o a los regalos muestra la riqueza léxica de la época.

El tema central es la «manifestación» de Dios a la humanidad (representada por los Magos, que son gentiles, no judíos). La estrella es el hilo conductor que guía de la oscuridad de la duda a la luz de la revelación.

La obra establece un contraste entre dos tipos de realeza: la de Herodes (basada en el miedo y la fuerza) y la del Niño Jesús (basada en la divinidad y la profecía).

El pasaje donde los Magos deciden qué regalar es fundamental. No son regalos aleatorios. El oro representa la soberanía, el incienso la divinidad y la mirra la humanidad, puesto que la mirra se usaba para embalsamar a los muertos.

Antes del «Auto de los Reyes Magos», el teatro en la Península Ibérica era mayoritariamente en latín y se representaba dentro de las iglesias. Al usar la lengua del pueblo, el mensaje religioso se democratiza. Aunque el tema es religioso, el tratamiento de los personajes y el uso del monólogo sugieren una intención dramática que va más allá de la simple lectura de un evangelio. Los personajes dudan, se enfadan y discuten. Esto es el germen del realismo español.

Fragmento del Auto de Los Reyes Magos. Biblioteca Nacional de España

En aquella época, no existían los teatros como edificios independientes; el escenario era la propia Catedral de Toledo. En lugar de un escenario frontal, la obra utilizaba diferentes puntos de la catedral llamados «mansiones». Cada una de estas estaciones representaba un lugar geográfico distinto:

Las moradas de los Reyes: Tres puntos separados en la nave de la iglesia donde cada Mago aparecía por primera vez para observar la estrella.

El Palacio de Herodes: Probablemente situado en un lugar elevado (como un púlpito o una tarima montada para la ocasión) para simbolizar su poder terrenal.

El Pesebre: Situado invariablemente en el Altar Mayor, el punto más sagrado, donde terminaba el recorrido.

La representación no era algo que el público viera sentado. Los fieles se movían o giraban para seguir la acción. Los Reyes comenzaban sus monólogos por separado en sus respectivas «estaciones». Después, caminaban por las naves de la catedral hasta encontrarse en un punto central. Juntos, avanzaban hacia el Palacio de Herodes y, finalmente, hacia el Altar. Este movimiento físico simbolizaba el viaje espiritual y la búsqueda de la verdad.

Uno de los elementos más espectaculares de estas representaciones era la estrella de madera o metal. Se colgaba de un sistema de poleas y cuerdas que recorría la parte alta de la nave central. A medida que los Reyes avanzaban, un sacristán tiraba de las cuerdas para que la estrella «guiara» a los actores hacia el altar. A menudo, la estrella llevaba velas o estaba pulida para reflejar la luz de las antorchas, creando un efecto visual asombroso para la época.

No había actores profesionales; los papeles eran interpretados por los propios clérigos y miembros del cabildo catedralicio. No usaban disfraces realistas, sino las propias ropas litúrgicas de la catedral. Una capa pluvial lujosa servía para identificar a un rey; una túnica sencilla para un sabio. Siguiendo las leyes de la Iglesia, todos los actores eran hombres. Incluso si hubiera aparecido la Virgen María (en la parte perdida del texto), habría sido interpretada por un joven con voz aguda o por una imagen tallada.

La obra no era un evento de entretenimiento separado, sino que formaba parte de los oficios religiosos de la Epifanía (6 de enero). Probablemente se representaba antes de la misa. El lenguaje pasaba del latín (usado en la misa) al castellano (usado en el Auto) para que el pueblo llano pudiera entender la historia, aunque manteniendo un tono solemne y cantado.

La escena final de los sabios discutiendo era, posiblemente, la más ruidosa y dinámica. Se cree que los actores que hacían de rabinos usaban gestos exagerados y una dicción más rápida para contrastar con la calma majestuosa de los Reyes Magos, enfatizando su confusión frente a la certeza de los Magos.

El ambiente dentro de la catedral, iluminada solo por velas y el humo del incienso, con las voces de los clérigos resonando en las bóvedas de piedra, convertía el «Auto» en una experiencia inmersiva que borraba la línea entre la realidad y el milagro religioso.

El Auto de los Reyes Magos es la partida de nacimiento del teatro español. Aunque el manuscrito se corta abruptamente en la disputa de los rabinos, su eco llega hasta el Siglo de Oro y las representaciones modernas de los Reyes Magos que se celebran cada 5 de enero en todas las ciudades y pueblos de España.

error

AYUDA A DIFUNDIR