EL DESCUBRIMIENTO DE LA CUEVA DE ALTAMIRA

La Cueva de Altamira contiene el arte pictórico más antiguo del paleolítico europeo y el más importante por su cantidad y calidad de las obras realizadas por el Homo Sapiens descubiertas hasta la fecha. Se encuentra a dos kilómetros del centro de Santillana del Mar, en Cantabria y el descubrimiento de las pinturas causó un gran revuelo en la zona y en la comunidad científica internacional.

La cueva fue descubierta en 1868 por Modesto Cubillas mientras cazaba por la zona y su perro comenzó a perseguir una presa, lo que le llevó a meterse por unas grietas y a su dueño detrás de él. Modesto quedó impactado por el tamaño de la cueva pero no vio las pinturas, por lo que el descubrimiento de la cueva que además no era muy grande (casi 300 metros de longitud), no tuvo ninguna importancia al tratarse de una zona con miles de grutas y cavernas.

Interior de la galería

El tesoro de la cueva de Altamira, las pinturas fueron descubiertas de manera casual en el verano de 1879 cuando un aficionado a la paleontología llamado Marcelino Sanz de Sautuola visitó la cueva en compañía de su hija María, una niña de ocho años que tras adentrarse por una de las grietas llegó a una gran sala con el techo pintado, volvió corriendo junto a su padre y le dijo;

“¡Mira papá, hay bueyes!”.

Marcelino Sanz de Sautuola

Sautuola ya había visitado la cueva anteriormente y en alguna ocasión había visto trazos ó líneas pero nunca les prestó atención pues no creía que estuvieran hechos por el hombre pero aquello eran más que unos trazos y no eran fruto de la imaginación infantil, eran bisontes pintados miles de años atrás. Así pues, el hallazgo de las mejores obras rupestres lo debemos a un perro y a una niña.

Impresionado por los dibujos, Sanz de Sautuola redactó Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander que incluía dibujos y lo presentó al catedrático de Geología de la universidad de Madrid Juan Vilanova. Este fue el encargado de presentarla oficialmente al mundo científico internacional y aquí comenzó la tormenta para ambos.

El profesor Vilanova

En su tesis, apoyada por el profesor Vilanova, Sautuola afirmaba que el conjunto pictórico databa del Paleolítico pero esa idea fue rechaza y puesta en tela de juicio por gran parte de la comunidad científica ya que chocaba con los planteamientos aceptados en la ciencia prehistórica del momento que negaba la existencia de arte en la Edad de Piedra y mucho menos con la calidad abstracta de las pinturas de Altamira. Se llegó a decir que se trataba de un engaño realizado bien por el propio Sautuola ó bien por terceros que habían engañado al mismo Satuola y al profesor Vilanova. Hay que tener en cuenta que son años convulsos para la ciencia, La Teoría de la Evolución, de Darwin, se había publicado tan solo veinte años atrás y eran habituales las descalificaciones a quienes aportaban datos que contradijeran las teorías aceptadas en la época.

Sautuola y Vilanova tampoco pudieron escapar a estas adversidades. En el Congreso Internacional de Antropología y Arqueología celebrado en 1880 en Lisboa, el profesor Vilanova hizo una excelente defensa de los argumentos pero de nada sirvió y las pinturas de Altamira fueron descalificadas como autenticas. Para colmo, en España se encargó un estudio de la cueva a un importante geógrafo y a un geólogo cuyo resultado también fue negativo. Ambos hechos hundieron definitivamente el reconocimiento de Altamira para desgracia de Sautuola y Vilanova quienes nunca fueron víctima del desánimo aunque vieron enormemente mermadas las posibilidades de seguir participando en simposios y congresos para demostrar su teoría. Pese al empeño, las criticas cada vez eran mayores, hasta tal punto que Eugenio Lemus y Olmo, el director de la Calcografía Nacional, durante una sesión de la Sociedad Española de Historia Natural celebrada en 1886, sentenció que:

“tales pinturas no tienen caracteres del arte de la Edad de Piedra, ni arcaico, ni asirio, ni fenicio, y sólo la expresión que daría un mediano discípulo de la escuela moderna”.

No había tiempo para más defensas, Sanz de Sautuola murió dos años después de aquel dictamen en 1888, como un farsante, al igual que su gran mentor el profesor Vilanova que falleció totalmente desacreditado en 1893. Las pinturas de la cueva de Altamira, la mayor representación del arte rupestre, siguieron desprotegidas y expuestas a curiosos y vándalos.

Afortunadamente la lógica se impuso y en los albores del siglo XX, en 1895, el descubrimiento en el sur de Francia de varias cuevas con pinturas similares a las de Altamira y otros restos artísticos, evidenció lo que muchos habían negado hasta el extremo, incluido el francés Émile Cartailhac, uno de los más fervientes detractores hasta entonces de la existencia del arte en la Edad de Piedra. Ante las convincentes pruebas ahora halladas en Francia, Cartailhac, recapacitó y reconoció la autenticidad de Altamira, tal y como el mismo escribió en un artículo publicado por la revista L’Antropologie en 1902 titulado “La Cueva de Altamira, Mea culpa de un escéptico”.

El bisonte encogido

Los motivos por los cuales las pinturas de Altamira están consideradas las mejores obras pictóricas de la Edad de Piedra son su extraordinario estado de conservación gracias a un derrumbe producido hace 13.000 años que selló parte de la cueva por lo que se mantuvieron en una temperatura anual constante de 14º pero principalmente por la calidad de las obras. No se tratan de dibujos figurativos en las que no se pretende reproducir con exactitud las formas y las dimensiones reales, sino de figuras antropomorfas deliberadamente abstractas que aprovechan los bultos naturales de las rocas que a veces son moldeadas para crear la ilusión de volumen, con ayuda de la combinación de los colores para delimitar el contorno. Otro importante dato a tener en cuenta de la complejidad de las obras es la utilización de la técnica llamada “perspectiva torcida” que consiste en dibujar por ejemplo, un bisonte de frente y la cornamenta de perfil para que cada parte sea vista desde donde es más fácil identificarlo.

De todas las obras que adornan los 270 metros de longitud de la cueva, el techo de la Gran Sala de los policromos, está considerada la obra cumbre de la antigüedad y ha sido denominada la Capilla Sixtina del Paleolítico. Sí hay algo en lo que coinciden todos los expertos que han participado en las reproducciones y restauraciones, están todos realizados y sin correcciones por el mismo autor, del cual se cree que también pintó en otras cuevas, como en la relativamente cercana cueva de El Castillo. Hasta la temprana fecha de 1999 se creía que se trataba de un grupo inconexo de figuras individuales sin ninguna relación entre si, pero aquel año se descubrió que es una composición completa que representa una estampa del bosque con más de cien animales diferentes, cuyo grupo principal es una manada de bisontes en diferentes posturas y edades, tal y como la podemos ver hoy en los bosques de Rusia y Polonia.

El Bisonte Encogido es la pintura más expresiva y conocida de Altamira, su imagen se ha convertido en el icono del yacimiento e incluso el logo del gobierno Cantabro está basado en él. Además desde 2007 está considerado uno de los 12 Tesoros de España. Otros importantes dibujos son la Gran Cierva de 2´25 metros de longitud, el más grande de todos y tal vez el más realista de todos. El Caballo Ocre está considerado como el más antiguo de todos y en su interior hay dibujada una cierva en color rojo.

Los materiales empleados para crear la pintura fueron pigmentos de minerales de óxido de hierro y carbón vegetal en seco ó disuelto en agua aunque hay quien argumenta que también pudieron mezclarlos con grasa animal. Las herramientas empleadas fueron distintas dependiendo del motivo a pintar, unas veces la aplicaban directamente con el dedo, otras mediante un rudimentario pincel y en ocasiones empleaban palos huecos rellenos de pintura y por los que soplaban por uno de los extremos a modo de aerógrafo.

Para solucionar el problema de la oscuridad utilizaron como es lógico el fuego pero lo más sorprendente es el combustible empleado, el tuétano de los huesos ya que esta médula con una mecha de fibras vegetales produce una iluminación grande y cálida, sin humo ni olores.

El motivo y la finalidad de las pinturas es el gran enigma que mantiene Altamira ya que no hay unanimidad en el tema y tampoco se ha podido determinar la utilidad que hacían de la cueva pero la mayoría de las tesis apuntan que se trata de pinturas referidas a la fertilidad y la caza.

El descubrimiento del arte de Altamira dio un vuelco en el conocimiento de la antigüedad en los albores del siglo XX y hoy en día sigue aportando importantes hallazgos para la ciencia ya que unas recientes dataciones realizadas mediante el uranio en 2012 han dado una antigüedad mucho mayor de lo que se creía. Según estos resultados que hizo públicos el Museo de Altamira el pasado 12 de junio de 2012, las pinturas más antiguas fueron realizadas hace 45.000 años y las más recientes hace 36.000, en vez de los 22.000 años que había dado la prueba del Carbono 14 y que desde hace unos años ya no se utiliza para comprobar la antigüedad de diversos materiales, como son las pinturas de Altamira. Este dato ha vuelto a causar un gran revuelo en la comunidad científica internacional ya que esa fecha coincide con la llegada de los primeros Homo Sapiens a la Península Ibérica, demostrando que la especie convivió varios miles de años con el hombre de Neardental antes de la extinción de estos últimos, algo que hasta ahora se daba por imposible y sin duda obliga a reescribir la historia de la Humanidad, una vez más gracias a la cueva de Altamira.

 

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