LA SORPRENDENTE HISTORIA DE LA GALGA QUE CONQUISTÓ MÉXICO

Que los exploradores y conquistadores españoles llevaran, entre uno de los animales, perros al Nuevo Mundo no es nada nuevo. La Leyenda Negra se ha encargado de recordarlo hasta la saciedad con dibujos y grabados en los que se ven salvajes perros devorando indefensos indios y los españoles contemplando tranquilamente como sí de un espectáculo se tratara. Cierto es que se emplearon perros como arma pero no solo fueron perros de presa los que acompañaron a nuestros antepasados a América; también hubo sabuesos y por supuesto, perros de caza, como es el caso de la galga que hoy traemos a La Vieja España.

Aunque la mayoría de la gente cree que la expedición de Hernán Cortés fue la primera que se hizo a tierras mexicanas, esto no es así. En 1517, una expedición al frente de Francisco Hernández de Córdoba y compuesta por solo 110 hombres, zarpó de Cuba en busca de nuevas tierras y llegó a la península de Yucatán, creyendo que se trataba de una isla, sin saber que aquellos terribles guerreros que se les enfrentaron formaban parte de un poderoso imperio.

En aquella expedición viajaba Bernal Díaz del Castillo, por entonces un joven soldado nacido en Medina del Campo (Valladolid) quien volvería a repetir expedición a México al año siguiente, en 1518, al frente de la cual estaba Juan de Grijalba y en la conquista de México por Hernán Cortés en 1519. Es precisamente, gracias a las memorias que escribió Bernal Díaz del Castillo, que sabemos la curiosa historia de esta galga que fue testigo de la conquista de México.

Cuenta Bernal Díaz del Castillo que durante la segunda expedición en 1518 a Yucatán, llegaron a un lugar que llamaron Boca de Términos y que hoy es conocido como Laguna de Términos, un lugar despoblado pero en el que había varios templos para los sacrificios humanos que eran utilizados por los indios pescadores y mercaderes que por allí pasaban de vez en cuando. Allí decidieron los exploradores echar el ancla, por tratarse de un buen puerto para los navíos y que además:

Había allí mucha abundancia de venados de aquella tierra y conejos. Matamos diez de aquellos venados y muchos conejos, con una lebrela (galga) que llevábamos con nosotros.

Bernal Díaz del Castillo

Allí estuvieron tres días, cartografiando el lugar, reparando los buques, aprovisionándose de agua y cazando. Cuando llegó la hora de embarcar, con el ajetreo se olvidaron del pobre animal:

Y luego, desque todo fue visto, nos tornamos a embarcar y se nos quedó allí la lebrela.

Bernal Díaz del Castillo

Que pena, ¿verdad?. pero lo sorprendente de la historia es que, después de dejar olvidada allí a la pobre galga, cuando llegó la expedición de Hernán Cortés, en la que también viajaba Bernal Díaz del Castillo, volvieron a pasar por aquel lugar y encontraron a la galga:

Cuando volvimos con Cortés, la tornamos a hallar y estaba muy gorda y lucida.

Bernal Díaz del Castillo

Sí tenemos en cuenta que cuando se olvidaron de la pobre galga era el mes de marzo de 1518 y que la expedición de Cortés pasó por allí en febrero de 1519, esto quiere decir que la perra estuvo casi un año sola, buscándose la vida en un territorio desconocido y plagado de depredadores de la zona como jaguares y cocodrilos. Y por lo que cuenta Bernal Díaz del Castillo, debió de buscarse bien la vida porque tenía buen aspecto. Además, tuvo suerte la lebrela, primero por no caer en las fauces de alguno de los depredadores ya mencionados o de otro animal y segundo, de no haber sido vista por alguno de los pescadores y mercaderes indios que eventualmente pasaban por la zona, pues no sabemos cual hubiera sido la reacción de aquellos.

Es de suponer que el animal, al ver un año después, unos barcos en la costa, iguales en los que ella había navegado y volviese a sentir los olores de aquellos hombres, saliese al encuentro. Quien tenga perro sabrá el recibimiento que le hacen a uno cuando vuelve a casa aunque tan solo hayan pasado diez minutos. Debió ser una locura.

No sabemos el nombre de la galga, Bernal Díaz del Castillo no escribe más detalles de ella y siempre se refiere a ella como la lebrela pero teniendo en cuenta que esta vez no se olvidaron de ella y siguió el camino junto a la expedición de Cortés, es casi seguro que debió de ser uno de aquellos animales que entró triunfante con las huestes españolas en Tenochtitlan.

Lo que está claro es que es un claro ejemplo del cariño mutuo entre los seres humanos y los perros. Aquella galga dejó un recuerdo inolvidable a Bernal Díaz del Castillo, ya que pese a vivir una larga vida de naufragios, peleas con los indios, la muerte de amigos y camaradas, enfermedades y mil calamidades, cuando escribió sus memorias era ya octogenario pero no olvidó la sorprendente historia de aquella galga que conoció en su juventud.

Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España
Localización de La Laguna de Términos (México)
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