EN LA TERCERA EL FRANCÉS…

El 26 de julio de 1582 está marcado en la historia como el primer combate naval en mar abierto y el primero en el que participaron galeones de guerra. Ocurrió en aguas de la isla Terceira (Tercera en español), en el archipiélago de las Azores, entre una flota de 64 barcos franceses contra 25 españoles y fue una importante victoria española por varios motivos.

Todo comenzó dos años antes, en 1580, con el fallecimiento del rey de Portugal, Enrique I. Al quedar el trono de Portugal sin sucesión, el país quedó gobernado por una Junta formada por cinco gobernadores portugueses. Al mismo tiempo se originó una disputa entre varios descendientes lejanos del difunto rey, entre los cuales estaba Antonio Prior de Crato, nieto del rey Manuel I pero que había nacido fuera del matrimonio, por lo que no se le reconoció su derecho al trono. Otro de los pretendientes al trono portugués era Felipe II que también era nieto legitimo de Manuel I pero al ser extranjero, contaba con reticencias. Ambos eran los principales aspirantes y en esta situación estaban cuando Prior de Crato cometió un grave error. En junio de 1580 se autoproclamó Rey de Portugal “por aclamación popular”, lo que provocó que Felipe II enviara al Duque de Alba con sus tropas que lo derrotaron en la Batalla de Alcántara. Prior de Crato huyó con las joyas de la corona portuguesa a Francia donde fue bien recibido por Catalina de Medicis, la madre del rey de Francia.

Felipe II fue reconocido y proclamado rey de Portugal por las cortes portuguesas en abril de 1581. Por consiguiente, todas las posesiones portuguesas de ultramar quedaban unidas a la corona española, convirtiendo a Felipe II dueño prácticamente de medio planeta. Y este fue el mejor argumento de Francia para montarle otra guerra a España e idearon un plan; una poderosa flota invadiría la isla de Madeira, después las Azores, después las islas de Cabo Verde y tras las conquistas de estos de estos archipiélagos, pondrían rumbo a Brasil para ser cedido a Francia. Así, tal cual.

Para un plan como este, siempre hace falta alguien que sirva (y de quien servirse) como excusa y se encontró en la persona de Antonio Prior de Crato, a quien la idea de convertirse en rey de Portugal le saciaba su sed de ambición y parece ser que fue Catalina de Medicis (madre del rey de Francia) quien le convenció de pagar con las joyas de la corona portuguesa esa flota que le pondría en el trono portugués a cambio de regalar Brasil a Francia por los servicios prestados.

Casi todas las villas, ciudades y territorios portugueses de ultramar reconocieron a Felipe II como rey de Portugal pues las diferentes capacidades de Felipe II y Antonio Prior de Crato eran abismales. Mayoritariamente la sociedad portuguesa vio mas oportunidades con Felipe II como rey aún siendo extranjero. Casi todas las villas, ciudades y territorios de ultramar de Portugal reconocieron al nuevo rey, todas excepto dos islas de las Azores y una de ellas era la isla Terceira… Tercera en español.

Isla Terceira (Tercera en español)

Las islas Azores están formadas por nueve islas cuya superficie total es similar a la provincia de Vizcaya y se encuentran en mitad del Océano Atlántico, a unos 1.400 kilómetros de distancia de Lisboa. Debido a su ubicación tenían un importante valor geoestratégico, pues eran un lugar de parada obligada para la Flota de Indias en su regreso a España para recoger agua y víveres. Además, eran un lugar por el cual solían merodear piratas y cosarios a la espera de dicha flota para proporcionarle a Hollywood un argumento. Fue precisamente una Flota de Indias la que recibió noticias a su llegada al archipiélago de la situación contraria a España en la Terceira (Tercera en español) y en vista de la situación, Felipe II ordena en enero de 1582 la construcción de una nueva fuerza naval para acabar con la situación.

En junio de 1582 zarpó desde Francia una flota de 64 naves y llegan al archipiélago un mes después. Intentan rendir la isla de San Miguel pero la guarnición española consigue resistir los embates terrestres de los franceses. Enterado Felipe II de la situación, decide actuar y ordena a la inacabada flota zarpar de inmediato a la Terceira (Tercera en español). De los 60 barcos totales que estaban previstos, tan solo hay 25 disponibles pero al mando está un hombre capaz de cualquier victoria por imposible que parezca; Alvaro de Bazán.

Alvaro de Bazán

Pocos militares en la historia pueden presumir de no haber sufrido una derrota en su vida y uno de ellos es Alvaro de Bazán. Granadino de origen y marino por excelencia antes de ganarse los títulos de Marqués de Santa Cruz y Grande de España, participó por primera vez en campaña naval cuando solo tenía 9 años de edad. En sus 40 años de servicio en la Armada jamás sufrió derrota ninguna, ni en las peores situaciones. Combatió en el mar a turcos, franceses, ingleses y todo tipo de carroña marítima, en el Mediterráneo y en el Atlántico. Veterano de combates históricos como el Asedio a Malta ó Lepanto, el ahora Capitán General del Mar Océano, sin pensarlo dos veces zarpó de Lisboa rumbo a las Azores el 10 de julio, aún a sabiendas que se iban a enfrentar a una flota casi tres veces superior. No importaba.

Galeón San Martín

El 21 de julio llegó la flota española a las Azores, a la isla de San Miguel y mientras la flota se aprovisiona de agua, algunos habitantes les disparan algunos disparos de arcabuz. Alvaro de Bazán, en vez de perder el tiempo con aquellos catetos, desestima el desembarco de fuerzas terrestres para tomar el control de la isla y agiliza la operación, ordenando a los botes que habían ido a tierra a por el agua que regresen cuanto antes a los barcos. Una buena decisión porque los 60 barcos franceses estaban detrás de la isla a la espera de aprovechar un desembarco español para atacar a los barcos españoles.

A la mañana siguiente ambas flotas se encuentran y los franceses aprovechando su situación favorable al viento y de espaldas al sol, intentan durante toda la mañana romper la formación española, cosa que impide el buen hacer de Alvaro de Bazán. Por la tarde el viento desaparece y ambas flotas quedan estáticas sobre el océano. Al día siguiente por la tarde regresa el viento otra vez favorable a los franceses y estos vuelven a atacar en tres columnas, esta vez sobre la retaguardia de la escuadra española pero una vez más, la agilidad colectiva y buen hacer de los marinos y artilleros españoles, impide que los franceses consigan su propósito y los hacen volver por donde han venido con algunas averías en las naves galas. Por la noche, Alvaro de Bazán ordena a su flota que sin más ordenes y sin luces, viren para situarse con el viento a favor y dejar para cuando amanezca el sol a sus espaldas. Lo consigue la flota española y al amanecer del día 25 (festividad de Santiago, Patrón de España), la flota española amanece en situación de ventaja frente a la francesa, que además está desordenada y arreglando los navíos tocados en la acción del día anterior. Pero un infortunio en una nao que tiene que ser remolcada por el galeón San Martín de Alvaro de Bazán, hace imposible aprovechar la ocasión.

El 26 de julio de 1582 el viento volvió a soplar favorable para los franceses y de pronto el galeón San Mateo se aparta de la flota española y acuden a por él, cinco galeones franceses que lo rodean y le disparan sus cañones. Los hombres del San Mateo aguardan bien posicionados con sus arcabuces a la espera de ser abordados y cuando van a serlo, abren fuego con sus arcabuces y con los cañones que aun estaban operativos, haciendo una escabechina a los barcos franceses que estaban a sus costados y preparados para el abordaje. Alvaro de Bazán suelta el amarre de la nao que llevaba remolcada y acude en ayuda del San Mateo. Los 89 barcos de ambas flotas escupen fuego y hierro sobre el océano atlántico, a 20 millas de la costa de la isla Terceira (Tercera en español), en la que es la primera batalla naval en mar abierto y con galeones de guerra, las galeras ya son historia.

Batalla de las Azores

La batalla duró cuatro interminables horas. El San Mateo quedó completamente amputado, sin mástiles y sin velas pero no fue vencido, al contrario, consiguieron rendir uno de los galeones franceses que tenían a uno de sus costados y de los otros cuatro barcos enemigos dieron buena cuenta los galeones españoles. Alvaro de Bazán, en el San Martín, consigue abordar la nave capitana de los franceses en la que estaba el general francés y cuando sube a bordo descubre que este había muerto en el combate. Derrotados los principales galeones franceses, el resto de la flota francesa se retira de vuelta al continente, dejando 10 navíos principales, otros menores y 2.000 muertos y cientos de prisioneros. El plan francés ha fracasado, Brasil nunca será cedida a Francia y Antonio Prior de Crato nunca será de rey de Portugal.

Tras la batalla, la flota española entró en el puerto de Villafranca, en la isla San Miguel, donde desembarcaron heridos y prisioneros. Aunque no se perdió ningún barco, todos tenían averías y había mucho trabajo por hacer. España se había dejado 224 almas en aquellas aguas. Los prisioneros franceses fueron juzgados por piratería, ya que ambas naciones estaban oficialmente en paz. El 1 de agosto fueron ejecutados 80 oficiales franceses y todos los marinos mayores de 18 años. Antonio Prior de Crato volvió a Francia pero tiempo después, temiendo un asesinato, se marchó a Inglaterra con las joyas de la corona portuguesa que aún le quedaban y fue recibido gratamente por la reina inglesa Isabel, con quien intentó en 1589 un intento también fallido de invasión de Portugal. Tras aquello quedó pobre el resto de su vida, recibiendo tan solo una mísera pensión del rey de Francia.

Entre los hombres que estaban embarcados en la flota de Alvaro de Bazán se encontraba un ilustre literato español Lope de Vega, quien a raíz de aquella batalla de la Terceira (Tercera en español), le dedicó un verso al inmortal Alvaro de Bazán:

EL FIERO TURCO EN LEPANTO

EN LA TERCERA EL FRANCÉS

Y EN TODA MAR EL INGLÉS,

TUVIERON DE VERME ESPANTO.

REY SERVIDO Y PATRIA HONRADA

DIRÁN MEJOR QUIEN HE SIDO

POR LA CRUZ DE MI APELLIDO

Y CON LA CRUZ DE MI ESPADA

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