CONFLICTO ENTRE ESPAÑA Y ALEMANIA POR LAS ISLAS CAROLINAS

Iglesia construida por los españoles en Ponapé

Los primeros europeos en llegar a las Islas Carolinas fueron los exploradores españoles Toribio Alonso de Salazar y Diego de Saavedra, el 22 de agosto de 1526, a una isla que llamaron San Bartolomé. Dos años más tarde, concretamente el 1 de enero de 1528, otro explorador español, Alonso de Saavedra, comenzó el año tomando posesión de las Islas Uluti en nombre del Rey de España. Recibieron el nombre de Islas de las Hermanas, Hombres Pintados y Los Jardines. Ninguna de las islas fueron habitadas y pasaron dos décadas hasta que volvió a recibir frecuentes visitas de los galeones españoles en 1542, 1543, 1545 y por Legazpi en 1565.

No fue hasta 1686 cuando llegó la expedición de Francisco de Lezcano a la isla de Yap y bautizó aquel conjunto de islas como Carolinas, en honor del rey Carlos II de España, haciendo extensible el nombre a las islas Palaos. Aunque en aquella ocasión tampoco se estableció ningún asentamiento, si sirvió para al menos dar a conocer a la Corte Española la importancia del inmenso archipiélago y por fin, el 19 de octubre de 1707 se firmó una Real Cédula que concedía autorización para el establecimiento de una misión religiosa, pues el único fin era la evangelización del archipiélago y no los fines comerciales.  Las primeras expediciones religiosas fueron un gran fracaso, con algún misionero asesinado por los nativos y una vez más la idea de establecerse en las Carolinas quedó en el olvido, motivo que favoreció la posterior llegada a las islas de ingleses y alemanes.

Mapa español de la época con la ubicación de las Islas Carolinas

En 1885, una delegación española firmó con los reyes de Koror y Artingal un acta por el cual se reconocía la soberanía del rey de España sobre las Carolinas. Una vez asegurado el territorio, España intentó establecer derechos aduaneros en la región pero Alemania y el Reino Unido protestaron, alegando abandono de las islas por parte de España a diferencia de estos dos países que si tenían comerciantes en el lugar. El conflicto estaba servido y sorprendentemente esta vez no iba ser Inglaterra la más problemática sino Alemania.

Durante el conflicto ocurrió un hecho protagonizado por una española llamada Bartola Garrido que merece ser recordado por la defensa de los intereses españoles que hizo Doña Bartola. Doña Bartola Garrido era una chamorra criada y educada en Guam que se había casado con un estadounidense comerciante de copra, con quien se había mudado a Yap en 1875. Ocurrió que en agosto de 1885, Alemania envió dos buques de guerra a la zona como medida de presión y Doña Bartola levantó una bandera de España que ella misma había confeccionado, en un árbol en el pico más alto de la isla de Yap para advertir a los alemanes que aquellas eran tierras españolas.

Mientras, en Madrid, primero el 6 de agosto verbalmente y después el 11 por escrito, el embajador de Alemania en Madrid anuncia al gobierno español el propósito de su país de ocupar las islas Carolinas, ya que las considera territorio sin dueño (res nullius). El anuncio provocó un considerable revuelo en España; multitudinarias manifestaciones patrióticas, encendidos manifiestos contra los alemanes y la embajada alemana apedreada y rota la bandera por una algarada popular.

El 21 de agosto y el 22, respectivamente, llegaron a Puerto Tomil (actual Yap) las fragatas españolas San Quintín  y  Manila. Pronto comenzaron los preparativos para levantar acta de posesión, que incluían la adhesión de los caciques locales y el reconocimiento para elegir el emplazamiento de la colonia. A las 7:00 un oficial alemán se presentó en el San Quintín para comunicar oficialmente:

que había declarado solemnemente y con todos los requisitos del tratado de Berlín, todo el archipiélago bajo la protección de S. M. el emperador Guillermo de Alemania, mostrando a la vez el acta de posesión firmada, no solo por los extranjeros residentes en Yap, sino también por los residentes del país.

La reacción del gobernador español, Enrique Capriles, ante tan manifiesta muestra de la tópica efectividad teutónica, no se hizo esperar:

¿Como es posible que el comandante de dicho buque pretenda alegar derechos para sostener la ocupación…? debo manifestar a V. S. que estoy resuelto a sostener izado a todo trance nuestro honroso pabellón para lo cual reclamo el auxilio moral y material de V. S.

En efecto, Capriles había ordenado arbolar pabellón español en tierra. Al día siguiente, los alemanes protestaron porque el pabellón estaba izado «en territorio alemán». La crisis estaba a punto de estallar y con ello el enfrentamiento armado. Las fuerzas allí presentes estaban tan igualadas, pese a contar España con un pequeño contingente de infantes de marina, que de haberse producido el enfrentamiento habría resultado en una victoria pírrica por parte de cualquiera de los dos bandos, quedando ambos sumamente debilitados. Sin embargo, el capitán de fragata Guillermo España decidió asumir el mando y retirar la bandera. Y es que, aunque la marina de guerra alemana estaba declarada como de segundo nivel y no contaba con ningún buque moderno, la situación de la fuerza naval española estaba muy mermada y deteriorada desde mediados de siglo, tal y como el gobernador de Filipinas había hecho saber a Capriles:

Desgraciadamente, Vd. no desconoce la falta absoluta que tenemos de medios materiales para rechazar tan inicua agresión, agravada con los temores que abriga el gobierno de S. M. de que a la vez pueda ser amenazada esta capital (Manila) por fuerzas alemanas.

Tampoco para Alemania la idea de guerra con España por las Carolinas era una buena solución, el Canciller Otto von Bismarck se expresó de forma clara:

¿Qué hacer?… ¿Bombardear las fortalezas marítimas españolas? Muchos me impulsan a hacerlo, pero yo pienso que sería preciso gastar quizá unos 100 millones en nuevos odios y en nuevas discordias…

Al final y a propuesta de España, hubo arbitraje del Papa para solucionar el conflicto. El pontífice emitió un laudo, firmado como Protocolo en Roma por ambas potencias el 17 de diciembre de 1885. Según este, España conseguía la soberanía sobre el archipiélago pero concedía al Imperio alemán la libertad de comercio, navegación y pesca en las islas Marshall, así como de establecimientos agrícolas. Por otra parte se concedía una estación naval y un depósito de carbón a la marina alemana. Estos beneficios fueron ampliados a Gran Bretaña por la mediación Papal.

Con el fin del conflicto, España estableció un pequeño destacamento militar y un reducido grupo de misioneros capuchinos con el objetivo de fundar una colonia permanente en la isla de Yap, muy cerca de Bahía Chamorro. Se construyeron, además de varias viviendas, una iglesia y una escuela. A esta primera localidad se la llamó Santa Cristina del Yap. Habían transcurrido 360 años de la primera llegada de españoles a las islas y por desgracia, poco tiempo duró la presencia hispana; en 1899 tras la derrota en la guerra hispanoamericana, España vendió las Isla Carolinas junto con las Marianas a Alemania por 25 millones de pesetas, reservándose España el derecho de establecer un deposito de carbón en la zona.

Poco duró también la estancia de Alemania en las Islas Carolinas porque en 1914 Japón invadió el archipiélago pero eso ya no es nuestra historia.

Acto de entrega de las Carolinas a Alemania

 

Tumbas de misioneros españoles en Ponapé

 

Nativos de la época. Esa piedra es el dinero que utilizaban en la isla de Yap

 

El Muro Español
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