ATAQUE INGLÉS A PUERTO RICO EN 1797

En algún momento de la historia reciente de España nos han colado que el Imperio Español se dedicaba a montar guerras a cada momento. Nada más lejos de la realidad y uno de los cientos de ejemplos que demuestran lo contrario, es el ataque inglés de 1797 contra la apacible isla de Puerto Rico.

Cuando las sesenta naves inglesas asomaron frente a la costa, el 17 de abril a las seis de la mañana, a nadie en la isla pilló por sorpresa porque días antes se había avisado que por el Caribe merodeaba una potente escuadra con intenciones nada buenas y porque, esta no era la primera -sino la tercera- vez en su historia que los ingleses aparecían para apoderarse de Puerto Rico… Además de un sinfín de ataques menores esparcidos en el espacio de trescientos años.

En total, la flota inglesa estaba formada por 60 barcos

Gracias a los relatos del historiador Fray Iñigo Abbad y Lasierra y del funcionario Pedro Tomás de Córdova, conocemos los detalles del mezquino ataque y la gloriosa defensa que la isla protagonizó frente a los hijos de la lejana Albión. En aquellos días, el gobernador de la isla era Ramón de Castro, quien para la defensa de la isla contaba con:

“La plaza tenía 376 cañones, 35 morteros, 4 obuses y 3 pedreros, 10,209 quintales de pólvora, 189,000 cartuchos y 3,367 fusiles; sus obras no estaban completadas, su guarnición veterana era escasa y reducida al Regimiento Fijo con 938 hombres; pero la decisión por defenderse era extrema y el entusiasmo propio de la fidelidad de los puertorriqueños…..Toda la fuerza alcanzó á 4,029 individuos, y los urbanos, que entraron del campo, á 2,442. Además había 180 presidiarios, que se-emplearon indistintamente en el servicio. Total general 6,471, y además los campos volantes de Río-piedras y Palo-seco y los maestranzas de artillería y fortificación con sus respectivos dependientes. La tropa veterana podía graduarse, á lo más, de 300 hombres, pues el resto era de la Milicia agregada al Regimiento Fijo…. Para la defensa de la bahía se armaron dos pontones, cuatro ganguiles (embarcaciones de pesca), once cañoneras, siete lanchas de auxilio, cuatro botes, un falucho y diez y ocho piraguas, con 27 piezas, 11 esmeriles, 204 fusiles y 546 hombres de tripulación. “

Regimiento Fijo de Puerto Rico

Siguiendo el manual no escrito para la defensa de la ciudad, Ramón de Castro ordenó que los niños, mujeres y ancianos, abandonasen junto con las monjas del convento, al interior de la isla, concretamente al pueblo de Rio Piedras, quedando el convento de las monjas como hospital, en previsión de que el de la ciudad quedase saturado ante la que se venía encima. Continua el diario de Ramón de Castro:

“Inmediatamente se convocó á los jefes de la plaza y con presencia del plano de defensa que anticipadamente tenía formado su Gobernador, se dio á cada uno de éstos y demás oficiales nombrados, el destino señalado en aquél. Se tocó la generala y se distribuyó oportuna y proporcionalmente toda la tropa existente, guarnición en los castillos, fuertes, baterías y demás puestos de las obras interiores y exteriores de esta plaza. Se dio armas al paisanaje alistado, colocándolo en los puestos convenientes. Se habilitaron y colocaron en los sitios que estaban detallados los cuatro ganguiles (embarcaciones de pesca), dos pontones y doce lanchas cañoneras armadas y tripuladas bajo la dirección del capitán de fragata D. Francisco de Paula Castro. Se envió un cuerpo volante proporcionado al número de la guarnición con cuatro cañones de campaña á las órdenes del teniente coronel D. Isidoro Linares, capitán de este regimiento Fijo, con el fin de impedir el desembarco. . . . . Se despacharon órdenes para que tomasen las armas y acudiesen á esta Capital la compañía de caballería, los urbanos y gente útil de los partidos inmediatamente, y circulares á fin de que hiciesen lo mismo en todos los partidos de la Isla. Se proveyó y reforzó á todos los puestos del recinto y guarnición, obras exteriores y avanzadas, con armas, municiones, útiles y demás efectos necesarios á la defensa de esta plaza….. Se dispuso que el Guardalmacén de artillería se mantuviese día y noche en el Parque general para suministrar los pertrechos y efectos que se pidiesen. Se expidió orden á los partidos de esta Isla .á fin de que concurriesen á la Ciudad los vecinos de ellos que quedasen libres del servicio de las armas con provisión de los frutos del país para subsistencia de la guarnición.”

Playa Cangrejos. Lugar del desembarco inglés en 1797

Pese a que la fuerza atacante era muy superior en hombres y armas a la defensora -y quizás aleccionados los ingleses por sus numerosos fracasos en el Caribe-, decidieron los ingleses no atacar directamente sobre San Juan por ser el lugar más seguro de la isla y lo hicieron al día siguiente -18 de abril-, en Playa Cangrejos, entre las poblaciones de Carolina y Loíza. Más de 6.000 hijos de Albión desembarcaron allí y para recibirles como merecían se enviaron 300 hombres, a sabiendas que no eran suficientes para detener la invasión pero si al menos para hacérselo más difícil:

“El cuerpo volante salió al mando del teniente coronel D. Isidoro Linares con los de igual grado D. José Vizcarrondo y D. Teodomiro del Toro, ayudante este de las milicias disciplinadas de esta Isla y capitán aquél del Regimiento de infantería de Valencia. D. Isidoro Linares se apostó con cien hombres en el sitio nombrado la Plaza, inmediato á una de las playas de Cangrejos; D. José Vizcarrondo en la playa de San Mateo y D. Teodomiro del Toro en la Torrecilla con igual número de gente cada uno al que tenía Linares. siendo los puestos de situación, los más ventajosos y resguardados para rechazar el desembarco que intentase el enemigo y poderse proteger unos á otros. “Cada uno de estos comandantes se atrincheró según le permitieron la situación y el tiempo, colocando oportunamente los dos cañones de campaña que llevaban Linares y Vizcarrondo.”

Al tiempo que esto sucedía en Cangrejos, los ingleses enviaron a San Juan, un bote con oficiales en misión “diplomática” ofreciendo la rendición “honrosa” de la isla. Ramón de Castro, quien ya había vencido a los ingleses en la batalla de Pensacola (Florida), en 1781, respondió:

“He recibido el pliego de VV EE. de este dia intimándome la rendición de la plaza de Puerto-Rico, que tengo el honor de mandar; y defenderé como debo á mi Rey Católico, hasta perder la última gota de sangre. Esta circunstancia me priva de admitir las generosas ofertas que VV. EE. se sirven hacerme en él. particularmente á mí, mi guarnición y habitantes. los cuales como su Jefe, están dispuestos a vender caras sus vidas; y espero que en su defensa obtendré la gloria que he conseguido de la Nación Británica en el puesto de Wiiage, cercano a Pensacola en el año pasado de 1781.”

Ante la negativa, los hijos de Albión regresaron a sus barcos y comenzaron a bombardear la ciudad de San Juan. Al día siguiente, una partida británica saqueó dos ingenios en Puerto Nuevo y San Patricio. Para evitar que el enemigo se internase en el interior de la isla, se ordenó al capitán de ingenieros Ignacio Mascaró que fortificara el puente de Martín Peña. En Río Piedras se formó una guerrilla a las órdenes de Francisco Andino para hostilizar al enemigo. Se estableció una comandancia militar en Río Piedras confiada al subteniente Luis de Lara.

En la madrugada del día 21, las posiciones al mando del subteniente de granaderos D. Luis de Lara y el de milicias D. Vicente Andino, y de su hermano el ayudante de plaza D. Emigdio, fueron atacadas por una avanzada superior del contrario que se hallaba emboscada fuera de su línea en el puente de Martín Peña. A pesar de la inferioridad de las tropas españolas, fueron sosteniendo una retirada con su fuego hasta llegar a Río Piedras, en donde reunidas con otras sobrecargaron al enemigo con un fuego tan bien ordenado que le pusieron en precipitada fuga, obligando a los pocos que de su partida quedaron a ampararse del puente de Martín Peña y la batería de tres cañones que estaba establecida en él.

Uno de las “tapones” que se interponía en el camino de los ingleses para la conquista de San Juan, era el pequeño castillo de San Jerónimo, lugar donde ocurrieron los más feroces combates. El pequeño y viejo fortín sufrió un duro asedio y bombardeo constante pero logró resistir gracias, en buena parte, a la ayuda que recibió de dos de las cuatro embarcaciones pesqueras armadas para la defensa y de un pontón con morteros colocados debajo del puente de San Antonio, complicando las operaciones de los sitiadores. Para aliviar la situación del fuerte San Jerónimo, Ramón de Castro organizó desde su hermano mayor -el fuerte de San Felipe-, una operación contra los sitiadores. El elegido para la misión fue el sargento de milicias Francisco Díaz, quien a su vez pidió 70 voluntarios. Se embarcaron en dos piraguas y apoyados por dos lanchas cañoneras se acercaron hasta el fuerte de San Jerónimo.

“Luego que Díaz desembarcó su tropa y la ordenó, debidamente, fue avanzando con cautela hacia la trinchera enemiga, y á proporcionada distancia hizo una descarga contra los que en ella se hallaban: la guardia que los sostenía tomó las armas y pretendió defenderse pero Díaz continuó su fuego ganando terreno hasta llegar a entrar en la trinchera con sable en mano acometiendo valerosamente á los contrarios, matando é hiriendo cada soldado nuestro á cuantos se les presentaban delante; de tal modo que los que podían librarse de nuestras armas se ponían atropellada y vergonzosamente en precipitada fuga, sin embargo de haberse calculado que el número de los enemigos en aquella ocasión llegaría a 300. Quedó solo Díaz con su gente en la trinchera enemiga, reconoció una batería de cañones muy bien dispuesta dirigida al puente de San Antonio y fuerte de San Jerónimo, capaz de siete cañones en batería; de los cuales tenía ya montados dos de á 24 y uno de á 12, con dos obuses y tres morteros para granadas reales; y no pudiendo clavar la artillería por falta de tiempo y proporciones, determinó la retirada trayéndose un capitán y 13 prisioneros vivos, y sintió inmediatamente el rumor en el campo del enemigo, comprendiendo que se destacaba algún cuerpo grueso contra los nuestros, como efectivamente sucedió, pero cuando llegó, ya Díaz estaba embarcado con toda su gente y prisioneros, sostenidos por las lanchas cañoneras y se retiró gloriosamente.”

El pequeño y viejo fuerte de San Jerónimo

El asedio y bombardeo a San Juan continuó hasta el 29 de abril, para aquel día, Ramón de Castro organizó un ataque frontal a la retaguardia inglesa:

“Reunió todas las partidas hasta el número de 800 hombres con dos compañías de caballería, puso á la cabeza un cañón de campaña, con el que marchó hacia el puente de Martín Peña, llevando su tropa en varias columnas, de las cuales repartió alguna por los costados y manglares inmediatos á fin de cortar al enemigo la retirada en caso de salir del Puente. Llegaron á tiro de pistola de él….. Le incitaron con algunos cañonazos á los que respondió con los de su batería. Formó el Comandante su tropa en batalla…. y empezó á hacer un vivo fuego de fusil á los enemigos que se descubrían, provocándolos al ataque sin poderlo conseguir en vista de lo cual, repitió el vivo fuego y el enemigo siguió respondiendo con el de cañón, y reflexionando que la disposición del terreno no le permitía avanzar más y que el enemigo se excusaba de hacerlo, se retiró con su tropa.”

El arriesgado ataque hizo efecto en el ánimo de los británicos y al día siguiente comenzaron a embarcar, dejando gran cantidad de armamento, material y heridos en la isla. El día 2 de mayo largaron velas y se perdieron en el horizonte; Puerto Rico había resistido una vez más el asalto inglés.

Las pérdidas inglesas fueron considerables aunque no hay cifras de muertos. Si las hay respecto a los heridos y prisioneros que se hicieron; 2 capitanes, 1 teniente, 1 subteniente y 286 soldados. Respecto a las bajas españoles si hay datos; 42 muertos, 156 heridos y 1 prisionero que se llevaron los hijos de Albión. Uno de los fallecidos en la defensa de la isla fue el sargento José Diaz de Toa Alta, hombre muy carismático y conocido como Pepe Díaz, a quien los habitantes de la ciudad dedicaron una copla:

En el puente Martin Peña mataron a Pepe Díaz que era el hombre más valiente que el Rey de España tenía.

El pequeño y viejo fuerte de San Jerónimo es considerado todavía hoy, el sitio más icónico del ataque de 1797 y el valiente Regimiento Fijo de Puerto Rico se ganó en aquellas semanas una página en el libro de honor de aquellos que dieron su vida por España. La apacible ciudad de San Juan, también tuvo su recompensa. En reconocimiento de la fidelidad, amor y patriotismo de los vecinos de esta isla, se concedieron ocho gracias especiales. Se le otorgó a la ciudad el derecho de orlar su escudo de armas con estas frases “POR SU CONSTANCIA AMOR y FIDELIDAD ES MUY NOBLE Y MUY LEAL ESTA CIUDAD”. Entre otras concesiones fue la de declarar a San Juan puerto franco y libre para el comercio por veinte años.

Escudo de San Juan

Queremos terminar con los nombres de algunos de aquellos que durante la defensa de la isla y gracias a su heroísmo permitió que Puerto Rico fuese parte de España durante 100 años más:

Los hermanos José y Andrés Cayetano Vizcarrondo. Los sargentos José y Francisco Díaz, el párroco don José Dolores del Toro, que peleó honrosamente á la cabeza de ciento cincuenta feligreses y los mantuvo de su peculio durante el sitio. Francisco Andino, síndico del Ayuntamiento de San Juan. Rafael Conty, capitán de artillería que de acuerdo con el teniente don Lucas de Fuentes, opuso, con dos cañones, manteniendo por aquella parte franca comunicación con los campos. El ingeniero Ignacio Mascaró y Homar, figura activa é inteligente del sitio, que todo lo preveía y á todo atendía; Teodomiro del Toro, bizarro defensor del fuerte de San Jerónimo; los hermanos Emigdio y Vicente Andino; el ayudante de campo Manuel Bacener; Blas López; los artilleros González y Ortega; el sargento de San Jerónimo, Marcos Sosa. José Benítez, otro José Díaz, tenaz y resuelto en la pelea…

Recreacionistas del Regimiento Fijo de Puerto Rico recuerdan cada año el ataque
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